lunes, 17 de mayo de 2010

¿Cuánto entender y cuánto gozar del poema?


Foto: "Humedal de Batuco" de Amaro Cagi (2008)


Foto "Switzertland" de Henri Cartier Bresson (1978)

He leído los cinco primeros versos del poema unas sesenta y dos veces. No todas ellas de corrido. De hecho, el primer párrafo tiene un edificio de siete versos y el sexto se mantiene todavía lejano a mi lectura. Conozco cada una de las palabras esculpidas por el autor. He reconocido una intención, una tendencia y hasta una cadencia en lo inconcluso de mi lectura. Se me han erizado los vellos de la espalda en al menos tres de todas las veces que he logrado llegar al quinto verso. Y no le temo al sexto.

Desconozco absolutamente la circunstancia geográfica en que el poeta labró estas líneas. Aún más lejano a mi saber es el contexto emocional del autor mientras le llovían estas frases. No hay notas explicativas ni antes ni después. El título me lleva lejos de las imágenes que surgen en mi conciencia mientras leo con lentitud y les regalo mi propio ritmo a los renglones, a los saltos, a los vacíos.

¿Cuánto debe entender? No me pregunto “qué” debo entender porque se me harían ansias lo que ahora me son toques. ¿Bastará, para mí como lector, esta marea que me conduce a esta ciega belleza literaria? Siento haber palpado el poema más que haberlo leído, pero gusto de esta ceguera, me voy formando un rostro entre las manos y me resulta agradable y gratificante el resultado inconcluso.

Raúl Zurita me decía que el poema se sostenía por sí mismo aunque desconociera incluso el significado de más de alguna palabra, aunque no tuviera la más mínima idea de la identidad del personaje al que, tras el título, se dedicaba el poema.

Sostenerse por sí sólo, me repetía yo, como un niño de 11 meses que se ha atrevido a la rigidez de sus rodillas temblorosas. Pobre mi comparación ante el poema que se tambalea en sus primeros cinco veros ante mí.
Está bien, me tambaleo yo ante los primeros cinco versos del poema, pero me satisface en extremo gozar tan infantilmente del cielo, del horizonte, del idioma del viento, de los dibujos de la espuma y del poema, que mis abrazos no abarcan.

Amaro Cagi


De Algunos amigos con los que compartí en el V Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, que tuvo lugar en circunstancias de la 36° Feria del Libro de Buenos Aires:


“... qué difícil llamarle momia a una doncella que casi escapa de su urna para preguntar por tu nombre”                                                                                                       Constanza Cerutti.



a Alejandro de la Cruz –escultor (i.m.)

Al irte
te has dejado las manos
como una piel amnésica
perseverando en tus trabajos.

Manos ingenieras
trazan puentes
vinculan
la idea y la madera
la obra y la mirada
la recta y la palabra.

Manos alquimistas
truecan
la naturaleza de las cosas
hacen volar raíces
viudez de madre huérfana
pesados escondites de la luz
pájaros herrumbrosos por los cerros.

Manos arquitectas
destruyen la mirada
fragmentan los espacios
hacen huecos sin piel
ríos quietos faldeando los silencios.

Manos fantasmales
lijan meticulosamente los recuerdos
Aferran con ausencia
anclan
aprisionan futuros
atan a los árboles
            la piedra
            la caricia.

Contemplando tus manos en tus cosas
busco el rito adecuado
para dejarlas ir.

Extrañas esas manos
que nunca he conocido.

Mario Alberto Vásquez
del libro “Al borde del silencio”   (2009)


4.

De puntos distintos del universo nace el canto
Voces que no resisten violentos caminos
Unidos por el viento rescatamos el abismo y lo
                                                        destinamos a la memoria

Reconocimiento a los dioses que pugnaron por
                                                  instaurar el reino del vencido

Solo después del tercer diluvio festejaremos nuestra
                                                                    efímera sangre

Adalberto Ponti
del libro “Bailarín de tinieblas”  (1987)


¡Que haga que se sienten en una fila
los cuatro estériles
y que corte sus cuellos!
¡Que dé a los perros
sus cabezas,
y que a las berenjenas de sus vientres,
siendo los nidos de la imprecación,
las extraiga,
las incinere
y que esparza sus cenizas en el mar!
¡Que disponga en forma de cruz
los restos de los cuerpos
según la longitud de las piernas,
dirigiéndolos al Norte, al Oeste al Sur y al Este!
¡Y que los ofrezca a las orugas de los tanques
para celebrar su incorporación a las batallas!

Yutaka Hosono
del libro “Dioses en rebeldía” (1999)


Hube de cargar con tu herencia de dolor
y otras,
caminé, paria de razones para soportar tanto peso.

No me pertenecen tus odios
me los desnudo,
y vistiendo sólo mi piel, corro.

Ya no me atraparás,
ya no.

Paola Cescón (inédito)



Se me anudan y anidan
las tantas ganas que tengo
de llorarte.
 Ay, qué será de mi,
peregrina terca
de desatinos
de utopías que sangran tropiezos de latitudes
de sinsaberes,
porque todo lo que te sé
está solamente escrito.

Paola Cescón (inédito)


Amanece tan extenso mi espacio
tan vacío, el tuyo,
y la luz desmiente la soñera
porque hubo nadie amándome la espalda

Sólo asestan en balance para el debe
estas mañanas baldías
en las que aborrezco despertar.

Paola Cescón
Del libro "Yerba, hay" (inédito)



El olvido es mi patria vigilada y aún tuve un país más grande y
                desconocido.

He retornado entre un silencio de párpados a aquellos bosques en
               que fui perseguido por presentimientos y proposiciones
               de hombres enfermos.

Es aquí donde el miedo ve la fuerza de tu rostro: tu realidad en la
               desaparición

(que se extendía como la lluvia en el fondo de la noche;  más lenta
                que la tristeza, más húmeda que labios sobre mi cuerpo).

Eran los días grandes de la traición.

 ......................

Me alimentaba la fosforescencia. Tú creaste la mentira entre las
                 piernas de mi madre; no existía el dolor y tú creaste la
                 compasión.

Tú volvías a las hortensias

y sollozaste bajo la lente de los comisarios.

Yo vi la luz de la inutilidad.

                        Antonio Gamoneda
                        del libro “Descripción de la mentira” (edición revisada, 2003)          

domingo, 14 de febrero de 2010

En este día que no existe







Pintura de Benjamín Cañas
Kafka: Cartas a Milena


ÁLBUM

No hay nadie en mi familia que haya muerto de amor.
Lo que pasó, pasó, pero nada de mitos.
¿Romeos tuberculosos? ¿Julietas con difteria?
Algunos, por el contrario, llegaron a la decrepitud.
¡Ninguna víctima por falta de respuesta
a una carta salpicada de lágrimas!
Siempre al final llegaba algún vecino
con espejuelos y rosas.
¡Y nadie se asfixió en un elegante armario
al volver de pronto el marido de la amante!
A nadie esos cordeles, mantillas y volantes
le impidieron salir en la fotografía.
¡Nadie con el infernal espíritu del Bosco!
¡Y nadie con su pistola al jardín!
(Con una bala en el cráneo pero por otros motivos,
murieron en alguna camilla.)
Incluso aquella del extático moño
y de ojos herrados como después de un baile,
zarpó en una gran hemorragia
no hacia ti, bailarín, y no por melancolía.
Quizá alguien antes del daguerrotipo,
pero de estos del álbum, nadie que yo sepa.
Pasaban las tristezas, y los días uno tras otro,
y ellos, consolados, desaparecían de gripa.

(Wislawa Szymborska)


LA ROSA

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

(Jorge Luis Borges)


TERCER MOVIMIENTO (AFFETTUOSSO)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo de la amante se
        achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de
        las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un
         techo
y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

(Antonio Cisneros)


Y MIS OJOS BUSCARÁN TUS OJOS
           
Y mis ojos buscarán elevándose tus ojos
y la grandeza en mí de amar
te enseñará quizás la gracia de sentirse amada
Por eso ábrete y tócate como se tocan los mares
como las rompientes
Sí, álzate como los países que se levantaron
desde los últimos hielos y mira
cómo se escriben por nosotros las alturas
Porque si la mano tendida no se entregó lo suficiente
y las aguas del Pacífico entraron haciendo pedazos
las costas del corazón
igual hoy, mañana o después veremos los cielos
de tu amor y de mi amor resplandecidos
como un nuevo poema escribiéndose en el horizonte

(Raúl Zurita)


LA ÚLTIMA ROSA
                                   Hablaréis de nosotros veladamente.
                                                                       (J.Brodsky)
Prosternarme con Morozova,
danzar con la hijastra de Herodes,
ascender en el humo del túmulo de Dido,
para volver a la hoguera con Juana...

Ya ves, Dios mío, estoy cansada
de vivir, de morir, y de volver a vivir.
Despójame de todo, pero déjame, aún una vez,
aspirar la frescura de esa rosa encarnada.

(Anna Ajmátova)


POEMA

Oí hablar de un hombre
que dice las palabras tan maravillosamente
que sólo con mencionar su nombre
las mujeres se entregan a él.

Si estoy mudo junto a tu cuerpo
mientras el silencio florece como tumores sobre nuestros labios
es porque oigo subir las escaleras a un hombre
y le oigo aclararse la voz ante nuestra puerta.

(Leonard Cohen)


Era una dalia con el centro redondo y negro como el sexo de una mujer fantástica.
Allí se posó una mariposa en oro deslumbrador, hecha de azúcar y esmeralda.
Pero, no era una, eran muchísimas, sobre el sexo solo.
El viento no podía dispersarles.
Por mucho rato yo fui la dalia y las mariposas hicieron su trabajo.

(Marosa Di Giorgi)


Como un monte en la espalda o una cuchilla
fría en mi rostro, dádmela.
Dadme la noche sin alondras,
sin sonidos, sin hojas y sin párpados.

He tocado el amor; aún se estremece
como un seno o un balido entre mis manos.

Dadme lo que queráis; dadme una piedra,
una sombra, una estrella destruida.

(Antonio Gamoneda)


UNA VOZ

Qué simples fuimos entre aquellas ramas,
Inexistentes, caminando al compás,
Sombra que ama una sombra, y el espacio de las
       ramas
Sin moverse ni quejarse del peso de las sombras.

Yo te había acostumbrado a sueños sin alarmas,
A los pasos sin mañanas, a días sin porvenir,
A la lechuza en la breña, cuando cae la noche clara,
Clavándonos sus ojos de tierra sin retorno.

A mi silencio, a mis angustias sin tristeza
Donde buscabas el gusto del tiempo por madurar.
A caminos cerrados, donde venía de ver el astro
Inmóvil de amar, de asir y de morir.

(Yves Bonnefoy)


JULIETA A ROMEO

Es tarde, amor, el viento se levanta,
La oscura madrugada va naciendo,
Sólo la noche fue nuestra claridad.
Ya no seré quien fui, lo que seremos
Contra el mundo ha de ser, que nos rechaza,
Culpados de inventar la libertad.

(José Saramago)