lunes, 17 de mayo de 2010

¿Cuánto entender y cuánto gozar del poema?


Foto: "Humedal de Batuco" de Amaro Cagi (2008)


Foto "Switzertland" de Henri Cartier Bresson (1978)

He leído los cinco primeros versos del poema unas sesenta y dos veces. No todas ellas de corrido. De hecho, el primer párrafo tiene un edificio de siete versos y el sexto se mantiene todavía lejano a mi lectura. Conozco cada una de las palabras esculpidas por el autor. He reconocido una intención, una tendencia y hasta una cadencia en lo inconcluso de mi lectura. Se me han erizado los vellos de la espalda en al menos tres de todas las veces que he logrado llegar al quinto verso. Y no le temo al sexto.

Desconozco absolutamente la circunstancia geográfica en que el poeta labró estas líneas. Aún más lejano a mi saber es el contexto emocional del autor mientras le llovían estas frases. No hay notas explicativas ni antes ni después. El título me lleva lejos de las imágenes que surgen en mi conciencia mientras leo con lentitud y les regalo mi propio ritmo a los renglones, a los saltos, a los vacíos.

¿Cuánto debe entender? No me pregunto “qué” debo entender porque se me harían ansias lo que ahora me son toques. ¿Bastará, para mí como lector, esta marea que me conduce a esta ciega belleza literaria? Siento haber palpado el poema más que haberlo leído, pero gusto de esta ceguera, me voy formando un rostro entre las manos y me resulta agradable y gratificante el resultado inconcluso.

Raúl Zurita me decía que el poema se sostenía por sí mismo aunque desconociera incluso el significado de más de alguna palabra, aunque no tuviera la más mínima idea de la identidad del personaje al que, tras el título, se dedicaba el poema.

Sostenerse por sí sólo, me repetía yo, como un niño de 11 meses que se ha atrevido a la rigidez de sus rodillas temblorosas. Pobre mi comparación ante el poema que se tambalea en sus primeros cinco veros ante mí.
Está bien, me tambaleo yo ante los primeros cinco versos del poema, pero me satisface en extremo gozar tan infantilmente del cielo, del horizonte, del idioma del viento, de los dibujos de la espuma y del poema, que mis abrazos no abarcan.

Amaro Cagi


De Algunos amigos con los que compartí en el V Festival Internacional de Poesía de Buenos Aires, que tuvo lugar en circunstancias de la 36° Feria del Libro de Buenos Aires:


“... qué difícil llamarle momia a una doncella que casi escapa de su urna para preguntar por tu nombre”                                                                                                       Constanza Cerutti.



a Alejandro de la Cruz –escultor (i.m.)

Al irte
te has dejado las manos
como una piel amnésica
perseverando en tus trabajos.

Manos ingenieras
trazan puentes
vinculan
la idea y la madera
la obra y la mirada
la recta y la palabra.

Manos alquimistas
truecan
la naturaleza de las cosas
hacen volar raíces
viudez de madre huérfana
pesados escondites de la luz
pájaros herrumbrosos por los cerros.

Manos arquitectas
destruyen la mirada
fragmentan los espacios
hacen huecos sin piel
ríos quietos faldeando los silencios.

Manos fantasmales
lijan meticulosamente los recuerdos
Aferran con ausencia
anclan
aprisionan futuros
atan a los árboles
            la piedra
            la caricia.

Contemplando tus manos en tus cosas
busco el rito adecuado
para dejarlas ir.

Extrañas esas manos
que nunca he conocido.

Mario Alberto Vásquez
del libro “Al borde del silencio”   (2009)


4.

De puntos distintos del universo nace el canto
Voces que no resisten violentos caminos
Unidos por el viento rescatamos el abismo y lo
                                                        destinamos a la memoria

Reconocimiento a los dioses que pugnaron por
                                                  instaurar el reino del vencido

Solo después del tercer diluvio festejaremos nuestra
                                                                    efímera sangre

Adalberto Ponti
del libro “Bailarín de tinieblas”  (1987)


¡Que haga que se sienten en una fila
los cuatro estériles
y que corte sus cuellos!
¡Que dé a los perros
sus cabezas,
y que a las berenjenas de sus vientres,
siendo los nidos de la imprecación,
las extraiga,
las incinere
y que esparza sus cenizas en el mar!
¡Que disponga en forma de cruz
los restos de los cuerpos
según la longitud de las piernas,
dirigiéndolos al Norte, al Oeste al Sur y al Este!
¡Y que los ofrezca a las orugas de los tanques
para celebrar su incorporación a las batallas!

Yutaka Hosono
del libro “Dioses en rebeldía” (1999)


Hube de cargar con tu herencia de dolor
y otras,
caminé, paria de razones para soportar tanto peso.

No me pertenecen tus odios
me los desnudo,
y vistiendo sólo mi piel, corro.

Ya no me atraparás,
ya no.

Paola Cescón (inédito)



Se me anudan y anidan
las tantas ganas que tengo
de llorarte.
 Ay, qué será de mi,
peregrina terca
de desatinos
de utopías que sangran tropiezos de latitudes
de sinsaberes,
porque todo lo que te sé
está solamente escrito.

Paola Cescón (inédito)


Amanece tan extenso mi espacio
tan vacío, el tuyo,
y la luz desmiente la soñera
porque hubo nadie amándome la espalda

Sólo asestan en balance para el debe
estas mañanas baldías
en las que aborrezco despertar.

Paola Cescón
Del libro "Yerba, hay" (inédito)



El olvido es mi patria vigilada y aún tuve un país más grande y
                desconocido.

He retornado entre un silencio de párpados a aquellos bosques en
               que fui perseguido por presentimientos y proposiciones
               de hombres enfermos.

Es aquí donde el miedo ve la fuerza de tu rostro: tu realidad en la
               desaparición

(que se extendía como la lluvia en el fondo de la noche;  más lenta
                que la tristeza, más húmeda que labios sobre mi cuerpo).

Eran los días grandes de la traición.

 ......................

Me alimentaba la fosforescencia. Tú creaste la mentira entre las
                 piernas de mi madre; no existía el dolor y tú creaste la
                 compasión.

Tú volvías a las hortensias

y sollozaste bajo la lente de los comisarios.

Yo vi la luz de la inutilidad.

                        Antonio Gamoneda
                        del libro “Descripción de la mentira” (edición revisada, 2003)          

domingo, 14 de febrero de 2010

En este día que no existe







Pintura de Benjamín Cañas
Kafka: Cartas a Milena


ÁLBUM

No hay nadie en mi familia que haya muerto de amor.
Lo que pasó, pasó, pero nada de mitos.
¿Romeos tuberculosos? ¿Julietas con difteria?
Algunos, por el contrario, llegaron a la decrepitud.
¡Ninguna víctima por falta de respuesta
a una carta salpicada de lágrimas!
Siempre al final llegaba algún vecino
con espejuelos y rosas.
¡Y nadie se asfixió en un elegante armario
al volver de pronto el marido de la amante!
A nadie esos cordeles, mantillas y volantes
le impidieron salir en la fotografía.
¡Nadie con el infernal espíritu del Bosco!
¡Y nadie con su pistola al jardín!
(Con una bala en el cráneo pero por otros motivos,
murieron en alguna camilla.)
Incluso aquella del extático moño
y de ojos herrados como después de un baile,
zarpó en una gran hemorragia
no hacia ti, bailarín, y no por melancolía.
Quizá alguien antes del daguerrotipo,
pero de estos del álbum, nadie que yo sepa.
Pasaban las tristezas, y los días uno tras otro,
y ellos, consolados, desaparecían de gripa.

(Wislawa Szymborska)


LA ROSA

La rosa,
la inmarcesible rosa que no canto,
la que es peso y fragancia,
la del negro jardín en la alta noche,
la de cualquier jardín y cualquier tarde,
la rosa que resurge de la tenue
ceniza por el arte de la alquimia,
la rosa de los persas y de Ariosto,
la que siempre está sola,
la que siempre es la rosa de las rosas,
la joven flor platónica,
la ardiente y ciega rosa que no canto,
la rosa inalcanzable.

(Jorge Luis Borges)


TERCER MOVIMIENTO (AFFETTUOSSO)

Para hacer el amor
debe evitarse un sol muy fuerte sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo de la amante se
        achicharra
para hacer el amor.
Los pastos húmedos son mejores que los pastos amarillos
pero la arena gruesa es mejor todavía.
Ni junto a las colinas porque el suelo es rocoso ni cerca de
        las aguas.
Poco reino es la cama para este buen amor.
Limpios los cuerpos han de ser como una gran pradera:
que ningún valle o monte quede oculto y los amantes
podrán holgarse en todos sus caminos.
La oscuridad no guarda el buen amor.
El cielo debe ser azul y amable, limpio y redondo como un
         techo
y entonces
la muchacha no verá el Dedo de Dios.
Los cuerpos discretos pero nunca en reposo,
los pulmones abiertos,
las frases cortas.
Es difícil hacer el amor pero se aprende.

(Antonio Cisneros)


Y MIS OJOS BUSCARÁN TUS OJOS
           
Y mis ojos buscarán elevándose tus ojos
y la grandeza en mí de amar
te enseñará quizás la gracia de sentirse amada
Por eso ábrete y tócate como se tocan los mares
como las rompientes
Sí, álzate como los países que se levantaron
desde los últimos hielos y mira
cómo se escriben por nosotros las alturas
Porque si la mano tendida no se entregó lo suficiente
y las aguas del Pacífico entraron haciendo pedazos
las costas del corazón
igual hoy, mañana o después veremos los cielos
de tu amor y de mi amor resplandecidos
como un nuevo poema escribiéndose en el horizonte

(Raúl Zurita)


LA ÚLTIMA ROSA
                                   Hablaréis de nosotros veladamente.
                                                                       (J.Brodsky)
Prosternarme con Morozova,
danzar con la hijastra de Herodes,
ascender en el humo del túmulo de Dido,
para volver a la hoguera con Juana...

Ya ves, Dios mío, estoy cansada
de vivir, de morir, y de volver a vivir.
Despójame de todo, pero déjame, aún una vez,
aspirar la frescura de esa rosa encarnada.

(Anna Ajmátova)


POEMA

Oí hablar de un hombre
que dice las palabras tan maravillosamente
que sólo con mencionar su nombre
las mujeres se entregan a él.

Si estoy mudo junto a tu cuerpo
mientras el silencio florece como tumores sobre nuestros labios
es porque oigo subir las escaleras a un hombre
y le oigo aclararse la voz ante nuestra puerta.

(Leonard Cohen)


Era una dalia con el centro redondo y negro como el sexo de una mujer fantástica.
Allí se posó una mariposa en oro deslumbrador, hecha de azúcar y esmeralda.
Pero, no era una, eran muchísimas, sobre el sexo solo.
El viento no podía dispersarles.
Por mucho rato yo fui la dalia y las mariposas hicieron su trabajo.

(Marosa Di Giorgi)


Como un monte en la espalda o una cuchilla
fría en mi rostro, dádmela.
Dadme la noche sin alondras,
sin sonidos, sin hojas y sin párpados.

He tocado el amor; aún se estremece
como un seno o un balido entre mis manos.

Dadme lo que queráis; dadme una piedra,
una sombra, una estrella destruida.

(Antonio Gamoneda)


UNA VOZ

Qué simples fuimos entre aquellas ramas,
Inexistentes, caminando al compás,
Sombra que ama una sombra, y el espacio de las
       ramas
Sin moverse ni quejarse del peso de las sombras.

Yo te había acostumbrado a sueños sin alarmas,
A los pasos sin mañanas, a días sin porvenir,
A la lechuza en la breña, cuando cae la noche clara,
Clavándonos sus ojos de tierra sin retorno.

A mi silencio, a mis angustias sin tristeza
Donde buscabas el gusto del tiempo por madurar.
A caminos cerrados, donde venía de ver el astro
Inmóvil de amar, de asir y de morir.

(Yves Bonnefoy)


JULIETA A ROMEO

Es tarde, amor, el viento se levanta,
La oscura madrugada va naciendo,
Sólo la noche fue nuestra claridad.
Ya no seré quien fui, lo que seremos
Contra el mundo ha de ser, que nos rechaza,
Culpados de inventar la libertad.

(José Saramago)

viernes, 12 de febrero de 2010

Jacobo Fijman Súriz (Rusia 1898 - Argentina 1970)


















Arduo ha sido el trabajo de investigación para lograr esta biografía lo más acabada posible. Y ha valido la pena.

La relación POESÍA – LOCURA – ENFERMEDAD – MISTICISMO no es una relación aislada o anecdótica. No se esperan todas las variables, como en un síndrome, se arma el diagnóstico poético sumando características objetivas y subjetivas.

Resultará una lectura algo extensa, pero, les aseguro, fructífera.


Jacobo Fijman Súriz (Orhei, Rusia, 1898 – Buenos Aires, Argentina, 1970)
Nace el 25 de enero de 1898 en Orhei, entonces localidad del pueblo de Bessarabia, en Rusia, actualmente en la República de Moldova, en Rumania. Es el mayor de 6 hermanos, dos de ellas ya nacidas en Rusia, Fedora y Aída, con  quienes , en 1902, don Samuel Fijman y doña Natalia Súriz, deciden emigrar hacia Argentina hacia 1902, huyendo de la persecución antisemita. Se asentarán inicialmente en el sur de la Argentina, en Río Negro, viviendo en campamentos mientras el padre trabaja colocando vías férreas. Llegarán a Buenos Aires en 1903, a la provincia de Lobos. En la Argentina nacerán sus tres hermanos menores: David, Bernardino y Enrique. Jacobo inicia sus estudios primarios pero deberá interrumpirlos dada la precaria situación económica en que su familia vive. Ya en Lobos, su padre instala un pequeño negocio que no logra ir bien, pero al menos Jacobo logra reiniciar sus estudios. Su padre morirá antes que Jacobo parta a Mendoza a proseguir sus estudios secundarios, hacia 1910. Culminará la educación secundaria tras regresar a Lobos y hacia 1917 abandonará definitivamente a su familia, mientras logra concretar un breve paso por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Luego se encargará, en forma autodidacta, de estudiar filosofía, historia, gramática, ciencias médicas, astrología, griego, latín y francés. Ingresa al Instituto de Lenguas Vivas donde estudia filosofía antigua, griego, latín y francés, idioma del cual obtendrá título de profesor y ejercerá brevemente la docencia en el Liceo Nacional de Señoritas de Belgrano. Desde temprana edad manifestará facilidad para la ejecución musical del violín, y seguirá desarrollando dicha habilidad en los años sucesivos, inclusive con el estudio intenso en la interpretación de dicho instrumento. Es gran admirador de la obra de Arcángelo Corelli.
Hacia 1921, en Buenos Aires y desempeñándose como periodista, sufre lo que aparentemente fue una primera crisis sicótica, tal vez de tipo mística, la cual termina en un arresto policial en medio de un episodio violento en que es fuertemente golpeado y luego llevado al Instituto de detención de Villa Devoto y posteriormente al Hospicio de las Mercedes (17 de enero de 1921, según registro de esta última institución), donde quedará internado por cerca de 6 meses y en donde, según relata el mismo Fijman, recibirá castigos físicos que influirán decididamente en él por el resto de su vida.
En 1922 emigra hacia el Uruguay y trabaja irregularmente en una editorial de Montevideo, desde la cual, en medio de la miseria, envía a su amigo Carlos Grünberg, sus primeros poemas, algunos de los cuales serán publicados en la Revista de la comunidad judía de Buenos Aires, “Vida Nuestra”, en Agosto de 1923. Un mes después, la revista Noticias Literarias, también de Buenos Aires, publicará su  comentario “El lector de Bach”.
Entre 1924 y 1925 viajará errante por las costas del norte argentino, Paraguay y Brasil, trabajando en un sinfín de menesteres para lograr su manutención.
Luego de ello regresa a la Argentina y se hace parte del grupo literario Martín Fierro donde conoce a J.L Borges, O. Girondo, L. Marechal (quien habría sido el que lo invitó al grupo), Macedonio Fernández, José Planas y Antonio Vallejo, Alfredo Bigatti, entre otros, todos ellos integrantes de la primera línea de la vanguardia argentina.
Entre 1926 y 1927 publica algunos poemas y relatos en la revista Martín Fierro y Mundo Israelita, y en el diario Crítica. Sus poemas reciben elogios de parte de Raúl Scalabrini y A. Vallejo. Colabora también con las revistas Mundo Argentino, Vida Nuestra, Revista Número, Revista Arx, entre otras, hasta que, en Noviembre de 1926, publica su primer poemario con el título de “Molino Rojo”, el cual contenía 41 poemas y algunas xilografías de Pompeyo Audivert y José Planas Casas. El título de esta primera publicación será explicado por el mismo Fijman, quien alude a una situación absolutamente doméstica mientras buscaba un título para explicar una poética que grafique sus estados mentales de “demencia y vértigo”. Mencionará también que este poemario lleva la impronta de la sonata de Corelli, “La locura”. Sin embargo, dada la convulsa situación político-social de aquel momento, aquel título será asociado a movimientos anarquistas y socialistas.
En 1927, junto a Oliverio Girondo y Antonio Vallejo, y auspiciado por ellos, viaja a Europa, desembarcando en París, donde conocerá a varios importantes personajes del movimiento surreralista: André Breton, Paul Éluard, Isidore Ducasse, Robert Desnos y Antonin Artaud. También en París se verá rodeado de grandes templos y catedrales que llamarán profundamente su atención y agudizarán su ya confusa situación mística llevándola a una situación crítica, con la cual regresará a Buenos Aires. Aquí se mantiene en contacto con la bohemia local, conoce al pintor Benito Quinquela Martín en el Café Tortoni de Buenos Aires y mantendrá su fascinación por la pintura medieval y la iconografía religiosa que había ya revisado en el Louvre. Participará con Audivert en las reuniones de “Camuatí”, agrupación de trabajadores por la cultura. Luego asistirá a reuniones con la comunidad católica y con monjes benedictinos. En 1929 publicará su segundo poemario, con el título de “Hecho de estampas”, que reúne 15 poemas, claramente relacionados a sus vivencias religiosas y su admiración por las imágenes ya mencionadas. Recibirá, por esta publicación, elogios de parte de la comunidad literaria católica en la revista Crítica (medio de dicha comunidad), principalmente por Tomás de Lara. En abril de 1930, es bautizado en la fe católica. En mayo de 1930, la revista Número anuncia la próxima aparición de un libro de cuentos, “San Julián el pobre”, publicación que no se llevará a efecto. A fines de 1930, obtiene una cátedra en francés y esto le permitirá ahorrar algún dinero con el cual viajará a Europa por segunda vez con la intención de ingresar como monje a un monasterio benedictino en Bélgica, pero tal permiso será rechazado. Pasa por España, Francia e Italia antes de llegar a Bélgica con las intenciones antedichas.
En 1931, ya en Buenos Aires, publica su tercer y último libro de poemas: “Estrella de la mañana”, de hondo contenido espiritual y que hace su aparición en pleno gobierno dictatorial dirigido por Uriburu. La revista Número, con la cual Fijman colaboraba, desaparece en este gobierno y esto lo sume a una nueva etapa de indigencia y soledad, a veces autoimpuesta. En 1934 La Nación publica 2 obras suyas y en 1934 la revista Arx, imprime su poema: “Letanía del agua perfecta”. En abril de 1934 fallece su madre y él asiste a los funerales, luego de lo cual regresa a su soledad. Concurre frecuentemente a la Biblioteca Nacional Argentina hasta 1942, año en que es notificado por la dirección de dicho establecimiento, respecto a su imposibilidad de seguir asistiendo, tras algunos incidentes con el personal de la biblioteca.
Las crisis mentales se suceden, pinta, estudia obsesivamente, toca el violín en las calles para sostenerse económicamente, vive en conventillos, sobrevive. Dados algunos episodios violentos, es detenido tras el allanamiento del ático en el que reside en la Avenida de Mayo, esto entre octubre y noviembre de 1942. Tras su detención es ingresado al Hospicio de las Mercedes (que posteriormente se convertirá en el Instituto Neurosiquiátrico José T. Borda) con los diagnósticos de “Psicosis distímica y Síndrome confusional”. A pesar de los tratamientos de aquella época, electrochoques y sedantes a discreción, Fijman logra mantener actividad artística y sigue escribiendo poemas. Nunca más será dado de alta de este sanatorio, aunque sí será trasladado, en 1952, a la Colonia de Alienados “Open Door” donde permanecerá por 2 años y luego regresará al Instituto Borda.
En 1948 aparece retratado por Marechal, bajo el nombre de Samuel Tesler, en el “Adánbuenosaires” una de las más celebradas novelas de las letras argentinas.
El 3 de enero de 1953, dos décadas después de que yace en el olvido, Lisardo Zía publica en El Clarín, una reseña recordatoria del poeta.
Logra algunos permisos cortos, visita algunos amigos, aparecen desde 1958 algunas notas suyas y en aquel año logra gestionarse una pensión de la Sociedad Argentina de Escritores.
En 1962 y 1964 es incluido en dos importantes antologías poéticas y en 1966, Lisandro Galtier publica dos poemas inéditos de Fijman en la revista Testigo. Una publicación siquiátrica, publicará algunos de sus poemas en 1968.
Anecdóticamente, Fijman logrará algún dinero a partir de traducciones del francés que hacía para los médicos del hospital en el que estaba internado.
También en 1968, Jacobo Fijman recibe la visita de Vicente Zito Lema, director de la revista Talismán, cuya primera edición será dedicada íntegramente a “Jacobo Fijman, poeta en hospicio”.
Notas respecto a él aparecerán en las revistas Panorama, Análisis y Gente, y ellas incentivarán a los hermanos menores, David y Bernardino, a visitarlo al Borda en el que estaba recluido.
Luego de mucha tramitación, Zito Lema es nombrado “curador” de Fijman y logra incluso llevarlo a su propia casa algunos fines de semana. A Zito Lema, Fijman confesará sus más recónditos temores: “Sé que dentro de muy poco me voy a morir. Ya soy viejo y he sufrido lo suficiente. Pero tengo miedo de lo que me espera. No de la muerte porque ya estoy muerto en Cristo sino de que me abran la cabeza como hacen con todos los internos. ¡No quiero presentarme ante Dios cuando resucite con el cerebro dañado y chorreando sangre! Mi vida ha sido el estudio, la poesía, quiero estar hermoso, digno. Además va a estar ella, la Virgen, la única que no se burló de mi amor, ni me rechazó”. Con total lucidez, explicará después: “No soy enfermo. Me han recluido. Me consideran un incapaz”.
Aparecerán durante 1969 una serie de notas firmadas por Fijman en la revista Extra. En 1979 será invitado a un programa de televisión, “La Ciudad Creadora” donde súbitamente expresará ante cámaras: “Todos los domingos, en Misa, los sacerdotes comen mierda”. En Julio de 1970, Zito Lema publica “El pensamiento de Jacobo Fijman, o el viaje hacia la otra realidad”.
El 1 de diciembre de 1970, gravemente enfermo, fallece de un Edema agudo pulmonar. Fue velado en una sala de la Sociedad Argentina de Escritores, con la asistencia de Zito Lema y una o dos persona más.



Obras:

Molino Rojo , 1926 (poesía)
Hecho de Estampas, 1930 (poesía)
San Julián el pobre, 1930 (cuentos)
Estrella de la mañana, 1931 (poesía)

Actualmente pueden encontrarse en librerías algunas selecciones de poemas y la Poesía Completa (Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2007).
En 1998 se editó “San Julián el pobre”.


Algunos poemas de Jacobo Fijman:

De “MOLINO ROJO”:

ALDEA

Mi blanca soledad
Aldea abandonada.
Revuelo de perezas
Sobre la torre de un anhelo
Que tañe sus horizontes.
Pintadas negras de la desolación.
Yunques abandonados y puentes solariegos.
Se ha sentado el dolor como un cacique
En el banquillo de mi corazón.
Las lluvias estancadas de mis sueños
Se han cubierto de musgo.
En el horno apagado del silencio
Mis frutos maduraron
Estérilmente.
Perdí mi itinerario en el desierto.
¡Hospedería triste de mi vida
en donde sólo se aposentó el azar!
En una pradería de cansancios
Balan estrellas mis ovejas grises.
Lugarón sin destino;
Las calles andariegas
Beatas de mi ser
Son manos
Contemplativas
Que van perdiendo soles...


MORTAJA

Por dentro;
Atrás el rostro.
¡El pasado aniquila!
¡Es en vano que encuentre una herradura
en el estanque turbio de mi imaginación!
El árbol ha cubierto de palomas
mi soledad; pero es en vano.
Desnudo
Siempre estoy como una llanura.
Para buscar un cerro
Miro las multitudes.
Estoy siempre desnudo y blanco;
Lázaro vestido
de novio;
una mortaja viva
entre el ayer eterno
y el eterno mañana;
una mortaja viva
que llora en mi garganta.


CANTO DEL CISNE

Demencia:
El camino más alto y más desierto.
Oficios de las máscaras absurdas; pero tan humanas.
Roncan los extravíos;
Tosen las muecas
Y descargan sus golpes
Afónicas lamentaciones.
Semblantes inflados;
Dilatación vidriosa de los ojos
En el camino más alto y más desierto.
Se erizan los cabellos del espanto.
La mucha luz alaba su inocencia.
El patio del hospicio es como un banco
A lo largo del muro.
Cuerdas de los silencios más eternos.
Me hago la señal de la cruz a pesar de ser judío.
¿A quien llamar?
¿ A quien llamar desde el camino
tan alto y tan desierto?
Se acerca Dios en pilchas de loquero,
Y ahorca mi gañote
Con sus enormes manos sarmentosas;
Y mi canto se enrosca en el desierto.
¡Piedad!


SUB-DRAMA

Desolaciones.
Altos silencios
Que balancean sus cabezas truncas
esencialmente.
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Desbandes.
El canto de mi mismo se alucina.
Cristales rotos.
Murga carnavalesca.
¡las risas rojas!
Cifras desafinadas y arbitrarias;
¡el dolor más eterno!
Me trasvasa el espanto sus caminos.
Pavor de candelabros;
Romance de agonía.
¿Quién soy?
Ha perdido su espacio
completamente el universo.
Se cierran las estrellas en mis ojos.
Nadie y nada.
Terribles apariencias
aplastan el cristal de sus sarcasmos.
Pasa un convoy de brujas caprichosas;
cuelgan mis extensiones deformadas.
Mi corazón es una isla roja
en que destacan sus banderas negras
los días de mi anhelo.
Las miradas ardientes de mis ojos,
¿en qué se apoyarán mañana?
Canciones de mi ser,
hemisferios de dicha,
volúmenes de aromas
¿en qué tambor de soles
se agitarán mañana?
Orientes y occidentes.
Se quebrarán mis ejes.
Lo sé.
¡Llueve sin latitud el dolor más eterno!
Han caído mis esperanzas
como palomas muertas.
Pavor de candelabros; romance de agonía.


GABÁN

Soy una alforja
de lluvias.
Mi corazón regó en las primaveras
sementeras de espacio;
por ello mi cabeza
es una gorra remendada y parda
(genialidad)
o, un gabán roído,
pues he amado.
El pienso de mis días
desparramé en las sendas;
rompí todas las tejas
de los pesebres
humanos.
De mal en peor
tildaron mi locura;
merma mi audacia,
enflaquecen mis manos dadivosas
como las muelas viejas.
¡El gabán de mi ser se va pudriendo!


De “HECHO DE ESTAMPAS”:

POEMA I

Caía mi sueño en la otra soledad de los canales.
Regocígate, niño, la presencia graciosa de la muerte
reparte en sombras alternadas el olor de los ángeles
y levanta tus sordos desamparos.
Niño de paz,
han apagado las islas monótonas de los soles perfectos.
Niño de paz,
imito el mundo en un mi sueño ajeno a la claridad.
Un silencio de música se apacienta en las torres.


POEMA IV

Extiendo mis brazos hacia el poema descansado que
                                         / inmortaliza la lejanía.
Caen océanos en las noches oscuras de nuestras adolescencias
                                         / en Dios.

Herido de mi canto
por uniones de azar
toda mi carne mortal recoge la blanca limosna del misterio.

Siento venir el fresco gusto del alumbrar;
siento venir entre las olas de la desesperanza maduros imperios.

Agito los ramajes.
Danzo en la gracia de todas las familias de la tierra y el
                                                        / universo.


POEMA X

Reposan los sagrados pinos,
y mi voz arrollada en la tristeza de una luz rompida.

Paz, paz, sobre los días y las noches cansadas y de recoger las
                                                                  / voces falsas,
que el mar hace sonar las cáscaras de nuez de la maravilla,
y vuelvo a oír la guía de mi ánimo dentro de primicias celestes.

Huye la soledad.
Adiós, belleza.


De “ESTRELLA DE LA MAÑANA”

I

Los ojos mueren en la alegría de la visión desnuda
de carne y de palabras,
en la tierra desnuda y en el cielo desnudo,
en el día desnudo y en la noche desnuda bajo los
cielos todo crecidos.
Es demasiado bella la noche de oro de muros y
banderas luminosas.
Corremos en la noche de plata bajo la noche de oro.
Tierra desnuda, tierra perfecta, cielo desnudo,
Cielo perfecto.
Voces desnudas de la voz eterna.
En la noche de oro nos llaman las acampanas,
Y oímos el vuelo de las aplomas desde la noche de
plata bajo la noche de oro.


V

En la misma belleza saborean las lunas su soledad
dichosa.
Caen todas mis muertes en el espanto
de la nada del mal de la nada irreal de la nada.
En las tinieblas puse mis manos cuajadas de llanto.
Arreó la gracia mis ojos perdonados,
y hecho he sido en lo interior de todo y nada.
He sido el que es de todo y nada en bella gracia.


XV

Ama tu alma mi alma, paz de los días, paz de las
noches nacidas en los espantos de muertes,
y en los gozos de muerte y esperanza de muerte.
Amor, Amor; Amor,
tu alma canta dolor de carne, dolor de vida, pavor
de muerte
bajo los cielos llovidos de esperanza.
Amor, Amor; Amor,
viste tu desnudez el agua capaz de las criaturas.



XXIV
Nace en mi llanto de oscuridad de todo
llanto,
oscuridad de soledad de todo llanto.
Vuelven las almas sobre mi alma de alma en alma,
de muerte en muerte.
Lloro con llanto de mi llanto
sobre mi alma de alma en alma, de muerte en muerte.
En soledad de soledad con soledad
en soledad, en todo, en soledad crecida en soledad.
Reposan los huesos en mediodías
en la soledad de mi alma desnuda en soledad.
Criatura de la quietud donde nacen soles.
Debajo del nacimiento
mi garganta solloza almas de alma en alma, de muerte
en muerte.


CANCIÓN DE LA VISIÓN REAL DE LA GRACIA

Niño, tú tienes el oído junto al amanecer
de la tierra y el cielo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
El signo de tus manos ata el secreto del mundo.
Amén el bosque, Amén el mar y Amén a las estrellas.
La tierra canta y el cielo, y la vida y la muerte.
Niño, tú tienes en el signo que trazan tus manos
el día y la noche, y la tierra y el cielo, y la vida y la muerte.
Amén, Amén, Amén,
niño de alba de la tierra y el cielo.


Algunos poemas que no aparecen en sus libros:  

RESURRECCIÓN

Esta luz, esta forma que no es mía
Tiene mi propia luz, mi propia huella,
En armonía extraña con la estrella,
Celeste flor lejana, ardiente y pía.

Y en el torno menor de la tristeza,
La hermana luz, la hermana forma canta,
Canta, anuncia, cual buena nueva santa,
Una resurrección de la belleza.


ECLOGA

Tú, la incóndita niña,
De la incóndita flor
Y la incóndita muerte,
Constas de flor y de muerte.
Tú, la incóndita niña,
Demuestra flor y muerte.
Tú, la breve sentencia
De la lúcida muerte,
Que pones con el llanto
La incóndita flor,
Y la incóndita muerte.


RETRATO DE DOCTOR

Este aquí, seráfico leyente,
Trae la flor perfecta
Recibida en ejemplo de ser a ser,
De simples y compuestos,Y día temporal,
Unidos por el uno que nunca fue movido,
Por aquél que depura la imperfección perfecta.
Este aquí seráfico leyente,
Lleva la perfectísima, la perfección perfecta
Del color y la lumbre, del amor y la estrella.

sábado, 6 de febrero de 2010

Arnaldo Calveyra Pereyra (Argentina, 1929)




Arnaldo Calveyra Pereyra (Mansilla, Entre Ríos, Argentina, 1929)
Arnaldo Calveyra nació en Gobernador Mansilla, provincia de Entre Ríos, Argentina, en el año 1929. Hijo de don Luis Calveyra y doña Gerónima Pereyra. Transcurre su infancia y el inicio de su escolaridad en el campo hasta los 9 años, en que pasó a “una escuela de pueblo”, a 7 kilómetros de su casa. A los 14 años ingresa al Colegio Superior "Justo José de Urquiza", de Concepción del Uruguay, en la misma provincia de Entre Ríos. Al año siguiente, 1944, su madre decide costear la publicación del primer poemario de Arnaldo: “Ha nacido un hombre”, pero que el mismo Calveyra, posteriormente, no considerará dentro de su obra personal. A los 20 años tiene un primer encuentro con el poeta Carlos Mastronardi, quien se convertirá en personaje de gran influencia para él, respecto a su futuro como escritor. De hecho, al año siguiente, en 1950, inicia la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, en Buenos Aires y desde 1951, se ayudará económicamente mediante un trabajo de fines de semana en un muelle de fumigación en Ensenada, en la misma provincia de Buenos Aires. Se mantiene en este trabajo por un lapso de 2 años, a pesar del riesgo que representaba para su salud, ya que el contacto con sustancias tóxicas obligaba a realizar jornadas cortas y esta experiencia lo impulsará a la producción poética en su libro “Diario del fumigador de guardia”, cuya primera versión será de 1951 y posteriormente le realizó correcciones, guardándolo sin publicar, ya listo, desde 1953. Este original, guardado en un baúl, tras una inundación, fue “rescatado” en 1983, durante uno de sus regresos a Argentina, y llevado recién en ese momento a París.
En 1959 Calveyra viaja por primera vez a París. Allí conoce a Gaëtan Picon, escritor y trabajador del Ministerio de Cultura de Francia. Este mismo año, en Buenos Aires, se publica la obra de teatro “El diputado está triste” que se estrenará en Buenos Aires recién en el año 1966, y su primer libro de poemas “Cartas para que la alegría” (ya que Calveyra no consideró “Ha nacido de un hombre” como su primera publicación). La versión rancesa de este libro verá la luz en 1983, con el título "Lettres pour que la joie". Desde 1960, tras obtener una beca, adoptará París como su ciudad de residencia. En este mismo año viaja a Roma y conoce al poeta italiano Giuseppe Ungaretti.
Luego, de vuelta en París, en 1961, conocerá a Julio Cortazar, con quien establecerá una amistad cercana. Conoce también a Alejandra Pizarnik y a quien será su traductora al francés, Laure Bataillon.
Tras la muerte de su madre, en 1962, decide retirarse en el monasterio benedictino de Solesmes, donde escribe el poemario “Libro de las mariposas”, que será publicado en Argentina el año 2001.
Al año siguiente se casa con Monique Tur, su mujer por más de 40 años.
En 1969 se publica en Francia la obra de teatro “Moctezuma”, traducida al francés por Bataillon. Su siguiente publicación en francés, también una obra de teatro, será “Latin American Trip”, en 1971, año en que pasó un tiempo en Inglaterra, en casa de Peter Brook. Recién en 1978 esta obra se publicará en español.
En 1972 nace su primer hijo, Beltrán, y 3 años después, su hija Eva.
En 1985 se publica el poemario “Iguana, iguana” y en 1987, en francés (traducción de Bataillon), el poemario “Le journal du dératiseur”. En 1986 se estrena en Buenos Aires su obra “Cartas de Mozart”En 1988 se publica en conjunto los poemarios “Cartas para que la alegría” e “Iguana, iguana”. Este mismo año se publica la obra de teatro “L’éclipse de la balle”, traducción de Florence delay. En 1989 su primera novela, en francés (traducción de Bataillon y Alain Keruzoré) “Le lit d’Aurélia”, cuya versión en español, “La cama de Aurelia”, se publicará en Barcelona, en 1990. En 1992 se publica el libro de cuentos “L’origine de la lumière” en traducción al francés de Françoise Campo, que recién en 2004 verá su primera edición en español como “El origen de la luz”. También en 1992, y también en francés, se publica el poemario “Palinure”, traducción de Laure Bataillon. En 1994, en Francia, aparece “Anthologie personnelle”, antología y poemas inéditos en un mismo volumen. En 1997 se publica el poemario “El hombre de Luxemburgo” en España, que al año siguiente aparecerá en francés con el título “L’homme de Luxemburg” con traducción de Delay. En este mismo año, en Francia, se publica el ensayo “Si l’Argentine est un roman”, traducción de Claude Bleton y que en el 2000 será publicado en español bajo el título “Si la Argentina fuera una novela”. Este trabajo será considerado por algunos críticos, más que un ensayo, como un especial poema. En 1999 se publica en Argentina una pequeña antología titulada “Morse y otros textos”. En el año 2000, además del ensayo “Si la Argentina...”, se publica también, en Francia, una edición bilingüe del poemario "Le livre du miroir" o “El libro del espejo”. Esta última obra aparecerá íntegra bajo el título “Apuntes para una reencarnación” en el Diario de Poesía de Buenos Aires Nº 53 en 2002. También en 2002 se publica la primera edición en español del “Diario del fumigador de guardia”, poemario escrito en la década de 1950, como ya se mencionó, y rescatado de la humedad de un baúl en 1983, en uno de los viajes de Calveyra a Buenos Aires.
En 2003, se publica "Maïs en grégorien", versión francesa de "Maizal del gregoriano", que se publicará en español en 2005. En 2004 el poemario “El origen de la luz”. Y, nuevamente en 2004, el Diario de Poesía Nº 69 publica cartas y poemas inéditos de Arnaldo Calveyra en una sección especial.
En 2006 publica “Diario de Eleusis”, que el mismo Calveyra describe como “la continuación de la atmósfera de “El maizal del gregoriano”
En 2008 se publica su “Poesía reunida” y en 2010 , a los 81 años, ha publicado “El cuaderno griego”.
Arnaldo Calveyra ha recibido la condecoración de Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres, otorgada por el Ministerio de Cultura francés y su reconocimiento en Argentina es, en realidad, reciente.


Calveyra y Cortazar (París, 1963)

Poemas de Arnaldo Calveyra

El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió.
La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo que andar en mancarrón.
Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires.
Casi a mediodía entró el guarda con paso de “aquí van a suceder cosas”, y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo vivo inocente de Dios se estaba alimentando.
En el ferry fue tan lindo mirar el agua.
¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.



***




No te dije de la luna. La luna es lo más alto. Cuando la mirábamos, ¿por qué hacíamos retemblar el índice sobre el labio hasta provocar un beruberu de acompañarla? ¿Nos lo enseñaste tú o papá? ¿Y qué era su despabilarse en niño Jesús subido al burrito sobre esa lumbre de peligro? Dame esas noticias. Nos quedábamos hasta bien tarde en enero para mirar. Ahí la tengo en el patio ahora, es lo más alto. La dejé atada del pino, mi cometa plateada y mi compaña, y me entré luna arriba para que muchos niños.

(de “Cartas para que la alegría”)

Caras

Está empezando a comprender.

Lee y no lee, acaso los anteojos sean prestados.

Es un niño. Esta mañana, jugando, se fue de boca.

Va a bajar en la próxima estación, le parece que el viaje no fue viaje ni fue nada.

Pestañas casi tristes.

Lejos y cerca. Baila sentada. Puede, lo puede todo. “En el comienzo no era el amor y alguien intentó.”

La alegría de ayer por la tarde está todavía intacta. Andará por ella toda la noche del viaje. No será viaje, será una carta.

Se le murió el hijo no hace mucho. No entiende la muerte.

Lo enterrarán con una lápida con las iniciales de otro.

No comprendo esa cara.

El equipaje es de lujo. Viudo de todo.

Cara de “viajo en segunda pero no porque no pueda pagarme una primera, no había boletos de primera”.

La boca es de alguien que no ha dudado nunca en una lengua extranjera.

Se vistió hace años para este viaje. Ahora fuma para disimular.

primero, deja pasar los pueblos, luego abre una puerta en el pueblo transcurrido.

Oye un grito, oye que viajamos.

En este vagón lo llevan preso, inventa una escapatoria: “inocente, inocente”... ¿Por qué nos miramos?

(de “Iguana, iguana”)

Muelle de fumigar

Cuando la mañana anda lejos y la humedad del planeta cae a baldes de silencio sobre el muelle dejado, sin nadie, sin ninguna estrella, la bandera amarilla está por poco tiesa de oscuridad, no, ninguna estrella que quiera volverse mástil de ese grito.

Cuando la rotación entera no sabe sino de agua y de silencio -entre los 18 y los 25 años la esperanza se atrasa- como si la oscuridad de golpe no supiera encender esta luz escasa, la mañana.

Cegado por la humedad emigro al otro muelle, el relato que iba imaginando con el mero latido de mis pasos se interrumpe por la página 25, retrocede a su comienzo cargado de promesas.

(de “Diario del fumigador de guardia”)




Jardín alado.

Ignorante de las leyes de la ciudad adonde la suerte lo ha llevado, manantial de eternidad inventada, por poco una penumbra ofertada al cielo más vasto del jardín

manantial fabricado, instante en círculo, asciende su forma, asciende y recae, en eso el agua, borrador, derrama, manera tan suya de mencionar los jardines del sur incansablemente bellos.

Y en tal escena, en más de una ocasión, como quien aplica un oído a un caracol por escucharlo murmurar había llegado a confundirlo con una frecuencia de su corazón, manantial brotando de la tierra de siglos, puertas que al abrirse mencionan la fragancia de los bosques.

(de “El hombre de Luxemburgo”)




Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.

(de “Apuntes para una reencarnación”)




No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano irisado.

Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el canto al canto.

Los perros lo toreaban a Dios de tan visible.




***




¿La mañana? habíamos quedado en que saldría de tu mano derecha pero tu mano derecha se ha dormido, se ha dormido.

¿La mañana?, dijimos: dentro de poco, descansa un momentito y tus párpados.

No sé, veo la rosa que se incendia, rosa incendiándose, fábula de la corona que se yergue.

(de “Libro de las mariposas”)




De cuerpo dormido. Monje tumbado por la siesta un mediodía de primavera. Cuerpo de monje ganado por el sueño, cuerpo y mente ganados por el sueño. ¿De dónde le llegan las palabras que oye? En el reposo las adivina, pasividad atareada del sueño. Fuera ya del cuerpo, el monje da unos pasos, el sueño que no siempre dice la verdad, los sueños que suelen ser falaces. Dormita el monje en medio del huerto y se parece al paisaje. A su sueño acude un hombre de andar desconocido, a él parecido -al que él desconoce-, el forastero permanece a su lado, acaso ocupado en infundirle su propia intemperie ¿pero se tratará del mismo monje? De pie no de otro modo que despierto, ojos gravemente abiertos, un río pasa, hace las veces de su mente, avanza, se pierde, desconocido a la vera de desconocido.

(de “Maizal del gregoriano”)



Ángel semejando a cielo, cielo toldado en todo parecido al agua de esta lluvia, no llegas de ninguna parte, no llegas de horizonte, cielo percudido con que tropieza la oscuridad de tinta, ¿tiritas a causa del viento que lo congela todo?, llegas del potrero, de entre las miasmas de los animales interrumpidos por el terremoto fijo de la hora, lindas con alturas de betún y hoja seca, brazos del que anda de imaginaria por el campo, tocan tierra y figuran la cabeza que no encuentra acomodo en la almohada.


-ángel malherido, brotas de tu herida, brotas del frío tan crudo a eso del jardín

(de “Diario de Eleusis”)



Solo por encontrar mi infierno y mi paraíso, sigo subiendo desde estos nombres de flores indecisas, incoloras, azules que traían atardecer y decían buenas noches a cualquier hora del día y de la noche. Casa infantil, lo más lejos. Solo para recibirme de mi vida, para que en este día sin hiatos se me dé cabida con mi amor a solas de la luz, hombre de la luz, imprevisto de hombre que persigue a su estela en cada sombra que a su paso se anima y colorea hasta ser ojos, boca, mirada.



***




Uno de nosotros dos es dos y alguien más a esta hora. Más vida, agua de manantial y monte, uno solo entre y con los dos, más callado silencio de recién preciso y vacilante. Indeciso y extrañado silencio, más se parece a la batalla cuando les llega la noche y mueren los últimos. Uno de los dos, más por recibir a ese otro que alienta todavía y de cuando el era y el serán se pliegan y despliegan como las dos puntas de días y de tardes, barquito de papel lanzado al estanque. Serán uno, serán uno, alguien que conserva su silencio de fábrica entre sus dos manos apaciguadas, su humo de recién.

(de “El Cuaderno griego”)


miércoles, 6 de enero de 2010

Antonio Gamoneda (España, 1931)

Amigos míos, creo que no hay mejor manera de empezar un buen año 2010. FELIZ 2010 para todos ustedes. La poesía colme y plague todo este año en sus vidas.

Seguirá siendo la característica de este blog, la minuciosidad de la biografía. Podrán apreciar que en ningún momento copiamos de un lugar a otro, de una página a estas. Nos valemos de muchas para lograr un producto útil y de buena calidad para quienes realmente se interesan en la buena poesía. Intentamos incentivar la adquisición de los libros de nuestros autores, por eso limitamos la cantidad de poemas. Ojalá el sabor de ellos impregne vuestra lectura y, para aquellos que no logren conseguir los libros, por cualquiera sea la razón, bueno, sirvan estos obsequios para degustar la maravilla.

Los dejo con este poeta español, uno de los más grandes (si no el más grande), poetas vivos de la lengua española, don Antonio Gamoneda.




"... no hay palomas extraviadas en la eternidad,

no hay eternidad." 

Antonio Gamoneda Lobón (Oviedo, España, 1931)

Antonio Gamoneda Lobón, nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. Su padre, periodista y escritor, don Antonio Gamoneda, publicó un libro de poesía modernista en 1919 que tituló “Otra más alta vida” y participó activamente en la revolución de 1934, en Asturias. Este mismo año, cuando el pequeño Antonio contaba con 2 años de edad, queda huérfano de padre. Entonces, tras aquel triste acontecimiento, ya en 1934, su madre, doña Amelia Lobón, decide trasladarse a León tras aquel triste acontecimiento. Llegan así al barrio ferroviario de El Crucero, zona de predominante clase obrera y trabajadora.  Allí  vivirán la guerra civil española y debido a ello Gamoneda verá estorbado su inicio escolar, por lo cual se verá obligado a aprender a leer en el libro que su padre había publicado.

Guerra, violencia, muerte y represión entre connacionales, serán los tópicos que impresionarán la mente y el espíritu del pequeño Antonio, quien encontrará refugio en los brazos de su madre. Los trazos duros de la guerra y las pinceladas dulces de su madre, se impresionarán su letra y su memoria.

A los 10 años inicia su instrucción escolar oficial en el Colegio de los Padres Agustinos, aunque este período será breve y de no muy gratos recuerdos. No fue penoso por tanto que desde 1945 trabajara como recadero de una agencia bancaria del Banco Mercantil (inexistente en la actualidad). Mientras desarrolla esta actividad logra terminar sus educación media cursando estudios libres y se hace parte de la resistencia intelectual contra el franquismo. En estas circunstancias surgirán muchas de sus ideas y conocerá de cerca el dolor de ver la desaparición de muchos de sus amigos y compañeros. Trabajó en dicho banco por veinticuatro años, hasta 1969. Ya en 1945 había terminado de escribir su libro “A la sombra del hambre”. Entre 1947 y 1953 escribe “La tierra y los labios”, obra sobre poética y crítica de arte, la cual no será publicada sino hasta la aparición de “Edad”, libro que resume la poesía de Gamoneda escrita hasta 1987. Esto mismo sucede con “Exentos I” escrita entre 1959 y 1960Entre 1953 y 1959 escribe su primer poemario, “Sublevación inmóvil”, el cual publicará en Madrid en 1960. Esta obra logra un accésit del premio de poesía Adonais. Su obra continuará con Blues castellano, escrita entre 1961 y 1966, obra que no será no publicada por motivos de censura hasta 1982. Seguirá  “Exentos II”, titulada también “Pasión de la mirada”, escrita entre 1963 y 1970, la cual será publicada con múltiples variaciones en León en 1979 con el título León de la mirada.

En 1969 crea y dirige, en la Diputación provincial de León, los llamados Servicios Culturales. En 1970 y en el intento de dar buen uso a los ingresos que proporciona la dictadura, crea la colección “Provincia de poesía”, esfuerzo de promoción cultural progresista. Esto marcará una nueva etapa de actividad en la vida de Gamoneda, quien será despedido y recontratado en muy corto tiempo e iniciará su colaboración con varias revistas culturales. Por su edad, fue enlace entre los dos grupos poéticos leoneses constituidos alrededor de las revistas Espadaña (1944-1951), en la que colaboró sólo en su época final, y Claraboya (1963-1968).

Tras esta primera etapa poética, Antonio Gamoneda entra en un silencio poético de casi ocho años, tiempo definitivamente señalado por la muerte deFranco y el inicio de época de transición del pueblo español, lo cual, según manifestación del propio Gamoneda, fue tiempo “de depresión añadida…y la poesía era un amor presente pero imposible.” Tal vez por aquel momento, Gamoneda asista a una suerte de crisis existencial e ideológica que marcará su obra próxima, la cual publicará en León, en 1970, bajo el título “Descripción de la mentira”, poema de largo aliento mostrará una madurez poética ya desenvuelta. Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento. Esta publicación será seguida por “Lápidas”, en 1987, libro más heterogéneo que el anterior en razón de sus motivos y composición estructural, pero con un lenguaje y una concepción del mundo coherentes con él. Publicará a continuación el ya mencionado “Edad”, obra en que recapitula toda su obra previa, y que será prologada por un acucioso estudio de Miguel Casado. Edad obtuvo el Premio Nacional de Poesía de 1988.Ya en 1985, Antonio Gamoneda había sido galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras.

Fue gerente, en los años ochenta, de la Fundación Sierra-Pambley, heredera del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.

Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento.

En1992 publica “El Libro del Frío”, trabajo con el que se sitúa en la “categoría” de los poetas imprescindibles de la lengua castellana y en donde muestra una inusual certeza de apuntes, novedad inestimable para la poesía en lengua castellana. A este libro, en el año 2000, se le adiciona de manera acertadísima, la obra visual “Frío de Límites”, la cual procede de un trabajo conjunto con el pintor y escultor español Antoni Tàpies (Barcelona, 1923). Ya anteriormente, Antonio Gamoneda había integrado a su trabajo el factor visual, cuando en 1936 su letra acompañó a un grupo de serigrafías del pintor español Juan Galea Barjola (Premio Nacional de Artes Plásticas, España en 1985. Fallecido en 2004), las cuales no llegaron a publicarse.

Entre 1993 y 1998, convencido de la multitudinaria presencia de poesía en los escritos antiguos, con la ayuda de un volumen de medicina arcaica de Dioscórides, traducido al español del siglo XVI por Andrés Laguna, Gamoneda publica “El libro de los venenos”, en una apuesta poética personalísima y cargada de su visión artística.

Posteriormente, en 2003, publica “Arden las pérdidas”, juega poéticamente en el interfaz entre esta y cualquier otra vida posterior. En 2004, “Cecilia” y este mismo año, un volumen que reúne su poesía desde 1947 a 2004, que tituló “Esta luz”.

En el año 2006 recibe los premios Reina Sofía de poesía iberoamericana, el Prix Européen de Littérature y el Premio Cervantes.

Ha recibido además la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio “Leteo”, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Ha sido nombrado Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo y además Doctor Honoris causa por la Universidad de León. El 20 de abril de 2008 introdujo un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, cuyo contenido se sabrá en 2022.

Recientemente, Antonio Gamoneda ha sido galardonado con el Premio Quijote de las Letras Españolas 2009, que concede la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y que reconoce la obra de toda una vida.

En marzo de 2009 se estrenó el documental “Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia”, rodado en 2007, dirigida por Enrique Corti y César Rendueles, y con guión de Amalia Iglesias y Julia Piera.

En 2009 publica “Extravío en la luz”, obra poética que añade el trabajo visual de Juan Carlos Mestre.

 

 

Obra poética:

 

Sublevación inmóvil, Madrid, 1960. .

Descripción de la mentira, León, 1977.

León de la mirada, León, 1979.

Blues castellano, Gijón, 1982.

Lápidas, Madrid, 1986.

Edad  (poesía reunida 1947-1986), Madrid, 1987.

Libro del frío, Madrid, 1992.

Sección de la memoria, Ponferrada,1993.

Poemas, Palma, 1996.

Cuaderno de octubre, Madrid, 1997.

Libro de los venenos, Madrid, 1997.

Pavana impura, Huelva, 2000.

Sólo luz: antología poética, Valladolid, Castilla y León, 2000.

Arden las pérdidas, Barcelona, 2003.

La voz de Antonio Gamoneda. Madrid, 2004.

Reescritura, Madrid, 2004.

Cecilia. Teguise, 2004.

Esta luz (poesía reunida 1947-2004), Barcelona, 2004.

Extravío en la luz, 2009

El 10 de diciembre de 2009, en la sede del Instituto Cervantes de París (7, rue Quentin Bauchart. 75008 París), se realizó la presentación de la traducción al francés de la obra del escritor leonés Antonio Gamoneda ‘Libro de los venenos’ con el título "Livre des poisons".

 

 

Obras en prosa:

 

Relación y fábula, Santander, 1997.

Descripción del frío, León, 2002.

 

Ha escrito además algunos ensayos y colaborado con varia obras colectivas, tanto puramente poéticas, como añadiendo su color al arte pictórico de maestros del arte visual.

A continuación, unas maravillas de muestra de este poeta alucinante:

 

 

II

 

            Y este don de morir, esta potencia                    

            degolladora de dolor, ¿de dónde           

            viene a nosotros? ¿En qué dios se esconde              

            esta forma siniestra de clemencia?                   

 

 

            Una sola divina descendencia               

            a esta zona de sombra corresponde.                

            Si tú hablas a un dios, cuando responde                    

            viene la muerte por correspondencia.              

 

 

            Si no fuera cobarde, si, más fuerte,                   

            en un rayo pudiera por la boca               

            expulsar este miedo de la muerte,                     

 

 

            como este inmortal encadenado            

            sería puro en el dolor. ¡Oh roca,             

            mundo mío de sed, mundo olvidado!

 

                                               (fragmento de “Prometeo en la frontera”

                                                            del libro “Sublevación inmóvil”)

 

 

Sublevación

 

            Juro que la belleza            

            no proporciona dulces                  

            sueños, sino el insomnio            

            purísimo del hielo,             

            la dura, indeclinable                     

            materia del relámpago.                 

 

 

            Hay que ser muy hombre para               

            soportar la belleza:            

            ¿quién, invertido, separa,            

            hace tumbas distintas                  

            para el pan común y la                 

            música extremada?                      

 

 

            Ay de los fugitivos,            

            de los que tienen miedo              

            de sus propias entrañas.              

            Si una vez el silencio                   

            les hablase, ¿sabrían                   

            respirar la angustiosa                   

            bruma de los espíritus?                

            ¿Cantarían su propia                    

            conversión al espectro?               

 

 

            Y aquellos otros, estos                 

            miserables amados,                      

            justificados por el dolor:               

            advertid que tan sólo                    

            a los perros conviene                   

            crecimiento de alarido.                 

 

 

            Algo más puro aún            

            que el amor, debe              

            aquí ser cantado;               

            en cales vivas, en              

            materias atormentadas,                

            algo reclama curvas                      

            de armonía. No es             

            la muerte. Este orden                   

            invisible                   

            es                  

            la libertad.                

 

 

            La belleza no es                 

            un lugar donde van                      

            a parar los cobardes.                     

 

 

            Toda belleza es                  

            un derecho común            

            de los más hombres. La               

            evasión no concede                     

            libertad. Sólo tiene             

            libertad quien la gana.                  

 

 

            Solicito                     

            una sublevación                

            de paz, una tormenta                    

            inmóvil. Quiero, pido                     

            que la belleza sea             

            fuerza y pan, alimento                  

            y residencia del dolor.                   

 

 

            Un mismo canto pide                   

            la justicia y la                      

            belleza.                    

            Sea la luz                

            un acto humano.               

            Se puede                 

            morir             

            por esta                    

            libertad.                    

 

 

 

Malos recuerdos

 

La vergüenza es un sentimiento revolucionario.

 

(Karl Marx)                       

 

 

            Llevo colgados de mi corazón                

            los ojos de una perra y, más abajo,                   

            una carta de madre campesina.             

 

 

            Cuando yo tenía doce años,                   

            algunos días, al anochecer,                    

            llevábamos al sótano a una perra                     

            sucia y pequeña.               

 

 

            Con un cable le dábamos y luego                     

            con las astillas y los hierros. (Era                       

            así. Era así.              

            Ella gemía,              

            se arrastraba pidiendo, se orinaba,                   

            y nosotros la colgábamos para pegar mejor).              

 

 

            Aquella perra iba con nosotros               

            a las praderas y los cuestos. Era            

            veloz y nos amaba.           

 

 

                                    (En “Blues castellano”)

 

 

 

Caigo sobre unas manos

 

            Cuando no sabía               

            aún que yo vivía en unas manos,                     

            ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.               

 

 

            Yo sentía que la noche era dulce                      

            como una leche silenciosa. Y grande.             

            Mucho más grande que mi vida.            

            Madre:                      

            era tus manos y la noche juntas.                       

            Por eso aquella oscuridad me amaba.             

 

 

            No lo recuerdo pero está conmigo.                    

            Donde yo existo más, en lo olvidado,               

            están las manos y la noche.                   

            A veces,                   

            cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra                     

            y ya no puedo más y está vacío             

            el mundo, alguna vez, sube el olvido               

            aún al corazón.                  

            Y me arrodillo                     

            a respirar sobre tus manos.                     

            Bajo              

            y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;                      

            y tus manos son grandes; y la noche               

            viene otra vez, viene otra vez.                 

            Descanso                

            de ser hombre, descanso de ser hombre.                    

 

 

Blues del nacimiento

 

            Nació mi hija con el rostro ensangrentado                  

            y no me la dejaron ver despacio.           

            Nació mi hija con el rostro ensangrentado                  

            pero me la quitaron de las manos.                    

 

 

            Mi hija ahora ya va a hacer tres años               

            y habla conmigo y ella ve mi rostro.                  

            Mi hija ahora ya va a hacer tres años               

            y canta y piensa pero ve mi rostro.                    

 

 

            Yo ahora ya no me pregunto                  

            por qué se ama a un rostro ensangrentado.               

 

 

 

Descripción de la mentira

 

El óxido se posó en mi lengua...

 

El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.

 

El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,

 

y no acepté otro valor que la imposibilidad.

 

Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,

 

escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;

 

escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;

 

escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,

 

y no pude resistir la perfección del silencio.

 

No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:

 

han venido otra vez como líquenes inevitables.

 

La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.

 

Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;

 

sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.

 

Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.

 

Es una amistad dentro de mí mismo;

 

es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.

 

Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados,

 

y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.

 

He salido de la habitación obstinada.

 

Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.

 

La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.

 

Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.

 

Éste es el año de la necesidad.

 

Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,

 

depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.

 

Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.

 

Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,

 

y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.

 

Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;

 

habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos p rpados.

 

 

                                                        (En “Descripción de la mentira”)

 

Vi la sombra perseguida...

 

Vi la sombra perseguida por látigos amarillos,

 

ácidos hasta los bordes del recuerdo,

 

lienzos ante las puertas de la indignación.

 

Vi los estigmas del relámpago sobre aguas inmóviles, en extensiones visitadas por presagios;

 

vi las materias fértiles y otras que viven en tus ojos;

 

vi los residuos del acero y las grandes ventanas para la contemplación de la injusticia (aquellos óvalos donde se esconde la fosforescencia):

 

era la geometría, era el dolor.

 

 

 

Vi cabezas absortas en las cenizas industriales;

 

yo vi el cansancio y la ebriedad azul

 

y tu bondad como una gran mano avanzando hacia mi corazón.

 

Vi los espejos ante los rostros que se negaron a existir:

 

era el tiempo, era el mar, la luz, la ira.

 

                                                           (En “Lápidas”)

 

 

 

Desde los balcones...

 

Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de hombres cenceños. Algunos tenían las mejillas labradas por el grisú, dibujadas con terribles tramas azules; otros cantaban acunando una orfandad oculta. Eran hombres lentos, exasperados por la prohibición y el olor de la muerte.

 

(Mi madre, con los ojos muy abiertos, temerosa del crujido de las tarimas bajo sus pies, se acercó a mi espalda y, con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones. Puso el dedo índice de la mano derecha sobre sus labios y cerró las hojas del balcón lentamente).

 

 

 

Eran días atravesados...

 

Eran días atravesados por los símbolos. Tuve un cordero negro. He olvidado su mirada y su nombre.

 

Al confluir cerca de mi casa, las sebes definían sendas que, entrecruzándose sin conducir a ninguna parte, cerraban minúsculos praderíos a los que yo acudía con mi cordero. Jugaba a extraviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio hacía brotar el temor como una gusanera dentro de mi vientre. Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí, pero yo iba a las praderas.

 

Finalmente, el cordero fue enviado a la carnicería, y yo aprendí que quienes me amaban también podían decidir sobre la administración de la muerte.

 

 

Alguien ha entrado...

 

Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.

 

Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.

 

Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.

 

 

 

Tengo frío...

 

Tengo frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón.

 

Hay yerba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre sombras, pero, ¿qué hago yo delante del abismo?

 

Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.

 

 

 

El animal que llora...

 

El animal que llora, ése estuvo en tu alma antes de ser amarillo;

 

el animal que lame las heridas blancas,

 

ése está ciego en la misericordia;

 

el que duerme en la luz y es miserable,

 

ése agoniza en el relámpago.

 

 

 

La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,

 

ésa es tu madre dentro de la ira;

 

la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,

 

ésa fue música en tus ojos.

 

 

 

Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades y lamentos.

 

 

 

Así es la luz de la vejez, así

 

la aparición de las heridas blancas.

 

 

 

Hay un anciano...

 

Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

 

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.

 

 

                              (Poemas extraídos de “Libro del frío”)

 

 

Siento el crepúsculo...

 

Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.

 

Sólo quiero sentir esta luz en mis manos

 

y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón

 

y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.

 

 

 

Hay

 

grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grietas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.

 

Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van

 

a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles y a mi quietud vienen a la vez suavemente, como una sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.

 

Es la agonía y la serenidad.

 

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya

 

la única sabiduría es el olvido.

 

 

 

Vi lavandas sumergidas...

 

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.

 

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas -bellas en sus úlceras transparentes-, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

 

Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.

 

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

 

Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.

 

Así es la vejez: claridad sin descanso.

 

 

                                       (Poemas extraídos de “Arden las pérdidas”)

 

 

Oigo tu llanto...

 

Oigo tu llanto.

 

Subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas inmóviles, pero no estás: sólo están las sábanas que envolvieron tus sueños.

 

¿Todo en mí es ya desaparición?

 

No aún. Más allá del silencio,

 

oigo otra vez tu llanto.

 

 

 

Qué extraña se ha vuelto la existencia:

 

tú sonríes en el pasado

 

y yo sé que vivo porque te oigo llorar.

 

 

 

Como si te posases...

 

Como si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad:

 

te has posado en mi corazón,

 

hay luz dentro de mis venas,

 

he enloquecido dulcemente.

 

 

                                            (Poemas extraídos de “Cecilia”)

 

 

 

Sacudí la ceniza... (o Manos)

 

Sacudí la ceniza de mis párpados.

 

Busque el día en el interior de la noche y, si, se abrió en mí.

 

Era como ser y no ser.

 

Descansé de mí mismo

 

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

 

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

 

hasta despertar el corazón

 

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas

 

enloquecidas en la inmovilidad.

 

En la pausa mortal, una vez más,

 

pasaron lentamente sobre mí tus manos.


                                                                  (Del libro "Extravío en la luz")

 

Hablo con Amancio

 

De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;

de los pinares inmóviles en el espesor del pasado;

de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles

y de los fresnos temblorosos

 

surge la musculatura encendida en cifras incomprensibles, las que se desprenden de la serenidad y del dolor;

surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;

surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo;

surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por los grandes bífidos y por los ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;

surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;

surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;

surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.

 

Amancio: tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;

tú sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,

amas el resplandor de los cuchillos, entras en las arterias vegetales,

creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra,

llevas la vida al interior de la muerte.

 

Tú atraviesas olvido y conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,

la madera es sagrada.


                                                        (En la web del escultor Amancio González)