sábado, 6 de febrero de 2010

Arnaldo Calveyra Pereyra (Argentina, 1929)




Arnaldo Calveyra Pereyra (Mansilla, Entre Ríos, Argentina, 1929)
Arnaldo Calveyra nació en Gobernador Mansilla, provincia de Entre Ríos, Argentina, en el año 1929. Hijo de don Luis Calveyra y doña Gerónima Pereyra. Transcurre su infancia y el inicio de su escolaridad en el campo hasta los 9 años, en que pasó a “una escuela de pueblo”, a 7 kilómetros de su casa. A los 14 años ingresa al Colegio Superior "Justo José de Urquiza", de Concepción del Uruguay, en la misma provincia de Entre Ríos. Al año siguiente, 1944, su madre decide costear la publicación del primer poemario de Arnaldo: “Ha nacido un hombre”, pero que el mismo Calveyra, posteriormente, no considerará dentro de su obra personal. A los 20 años tiene un primer encuentro con el poeta Carlos Mastronardi, quien se convertirá en personaje de gran influencia para él, respecto a su futuro como escritor. De hecho, al año siguiente, en 1950, inicia la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, en Buenos Aires y desde 1951, se ayudará económicamente mediante un trabajo de fines de semana en un muelle de fumigación en Ensenada, en la misma provincia de Buenos Aires. Se mantiene en este trabajo por un lapso de 2 años, a pesar del riesgo que representaba para su salud, ya que el contacto con sustancias tóxicas obligaba a realizar jornadas cortas y esta experiencia lo impulsará a la producción poética en su libro “Diario del fumigador de guardia”, cuya primera versión será de 1951 y posteriormente le realizó correcciones, guardándolo sin publicar, ya listo, desde 1953. Este original, guardado en un baúl, tras una inundación, fue “rescatado” en 1983, durante uno de sus regresos a Argentina, y llevado recién en ese momento a París.
En 1959 Calveyra viaja por primera vez a París. Allí conoce a Gaëtan Picon, escritor y trabajador del Ministerio de Cultura de Francia. Este mismo año, en Buenos Aires, se publica la obra de teatro “El diputado está triste” que se estrenará en Buenos Aires recién en el año 1966, y su primer libro de poemas “Cartas para que la alegría” (ya que Calveyra no consideró “Ha nacido de un hombre” como su primera publicación). La versión rancesa de este libro verá la luz en 1983, con el título "Lettres pour que la joie". Desde 1960, tras obtener una beca, adoptará París como su ciudad de residencia. En este mismo año viaja a Roma y conoce al poeta italiano Giuseppe Ungaretti.
Luego, de vuelta en París, en 1961, conocerá a Julio Cortazar, con quien establecerá una amistad cercana. Conoce también a Alejandra Pizarnik y a quien será su traductora al francés, Laure Bataillon.
Tras la muerte de su madre, en 1962, decide retirarse en el monasterio benedictino de Solesmes, donde escribe el poemario “Libro de las mariposas”, que será publicado en Argentina el año 2001.
Al año siguiente se casa con Monique Tur, su mujer por más de 40 años.
En 1969 se publica en Francia la obra de teatro “Moctezuma”, traducida al francés por Bataillon. Su siguiente publicación en francés, también una obra de teatro, será “Latin American Trip”, en 1971, año en que pasó un tiempo en Inglaterra, en casa de Peter Brook. Recién en 1978 esta obra se publicará en español.
En 1972 nace su primer hijo, Beltrán, y 3 años después, su hija Eva.
En 1985 se publica el poemario “Iguana, iguana” y en 1987, en francés (traducción de Bataillon), el poemario “Le journal du dératiseur”. En 1986 se estrena en Buenos Aires su obra “Cartas de Mozart”En 1988 se publica en conjunto los poemarios “Cartas para que la alegría” e “Iguana, iguana”. Este mismo año se publica la obra de teatro “L’éclipse de la balle”, traducción de Florence delay. En 1989 su primera novela, en francés (traducción de Bataillon y Alain Keruzoré) “Le lit d’Aurélia”, cuya versión en español, “La cama de Aurelia”, se publicará en Barcelona, en 1990. En 1992 se publica el libro de cuentos “L’origine de la lumière” en traducción al francés de Françoise Campo, que recién en 2004 verá su primera edición en español como “El origen de la luz”. También en 1992, y también en francés, se publica el poemario “Palinure”, traducción de Laure Bataillon. En 1994, en Francia, aparece “Anthologie personnelle”, antología y poemas inéditos en un mismo volumen. En 1997 se publica el poemario “El hombre de Luxemburgo” en España, que al año siguiente aparecerá en francés con el título “L’homme de Luxemburg” con traducción de Delay. En este mismo año, en Francia, se publica el ensayo “Si l’Argentine est un roman”, traducción de Claude Bleton y que en el 2000 será publicado en español bajo el título “Si la Argentina fuera una novela”. Este trabajo será considerado por algunos críticos, más que un ensayo, como un especial poema. En 1999 se publica en Argentina una pequeña antología titulada “Morse y otros textos”. En el año 2000, además del ensayo “Si la Argentina...”, se publica también, en Francia, una edición bilingüe del poemario "Le livre du miroir" o “El libro del espejo”. Esta última obra aparecerá íntegra bajo el título “Apuntes para una reencarnación” en el Diario de Poesía de Buenos Aires Nº 53 en 2002. También en 2002 se publica la primera edición en español del “Diario del fumigador de guardia”, poemario escrito en la década de 1950, como ya se mencionó, y rescatado de la humedad de un baúl en 1983, en uno de los viajes de Calveyra a Buenos Aires.
En 2003, se publica "Maïs en grégorien", versión francesa de "Maizal del gregoriano", que se publicará en español en 2005. En 2004 el poemario “El origen de la luz”. Y, nuevamente en 2004, el Diario de Poesía Nº 69 publica cartas y poemas inéditos de Arnaldo Calveyra en una sección especial.
En 2006 publica “Diario de Eleusis”, que el mismo Calveyra describe como “la continuación de la atmósfera de “El maizal del gregoriano”
En 2008 se publica su “Poesía reunida” y en 2010 , a los 81 años, ha publicado “El cuaderno griego”.
Arnaldo Calveyra ha recibido la condecoración de Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres, otorgada por el Ministerio de Cultura francés y su reconocimiento en Argentina es, en realidad, reciente.


Calveyra y Cortazar (París, 1963)

Poemas de Arnaldo Calveyra

El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió.
La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo que andar en mancarrón.
Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires.
Casi a mediodía entró el guarda con paso de “aquí van a suceder cosas”, y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo vivo inocente de Dios se estaba alimentando.
En el ferry fue tan lindo mirar el agua.
¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.



***




No te dije de la luna. La luna es lo más alto. Cuando la mirábamos, ¿por qué hacíamos retemblar el índice sobre el labio hasta provocar un beruberu de acompañarla? ¿Nos lo enseñaste tú o papá? ¿Y qué era su despabilarse en niño Jesús subido al burrito sobre esa lumbre de peligro? Dame esas noticias. Nos quedábamos hasta bien tarde en enero para mirar. Ahí la tengo en el patio ahora, es lo más alto. La dejé atada del pino, mi cometa plateada y mi compaña, y me entré luna arriba para que muchos niños.

(de “Cartas para que la alegría”)

Caras

Está empezando a comprender.

Lee y no lee, acaso los anteojos sean prestados.

Es un niño. Esta mañana, jugando, se fue de boca.

Va a bajar en la próxima estación, le parece que el viaje no fue viaje ni fue nada.

Pestañas casi tristes.

Lejos y cerca. Baila sentada. Puede, lo puede todo. “En el comienzo no era el amor y alguien intentó.”

La alegría de ayer por la tarde está todavía intacta. Andará por ella toda la noche del viaje. No será viaje, será una carta.

Se le murió el hijo no hace mucho. No entiende la muerte.

Lo enterrarán con una lápida con las iniciales de otro.

No comprendo esa cara.

El equipaje es de lujo. Viudo de todo.

Cara de “viajo en segunda pero no porque no pueda pagarme una primera, no había boletos de primera”.

La boca es de alguien que no ha dudado nunca en una lengua extranjera.

Se vistió hace años para este viaje. Ahora fuma para disimular.

primero, deja pasar los pueblos, luego abre una puerta en el pueblo transcurrido.

Oye un grito, oye que viajamos.

En este vagón lo llevan preso, inventa una escapatoria: “inocente, inocente”... ¿Por qué nos miramos?

(de “Iguana, iguana”)

Muelle de fumigar

Cuando la mañana anda lejos y la humedad del planeta cae a baldes de silencio sobre el muelle dejado, sin nadie, sin ninguna estrella, la bandera amarilla está por poco tiesa de oscuridad, no, ninguna estrella que quiera volverse mástil de ese grito.

Cuando la rotación entera no sabe sino de agua y de silencio -entre los 18 y los 25 años la esperanza se atrasa- como si la oscuridad de golpe no supiera encender esta luz escasa, la mañana.

Cegado por la humedad emigro al otro muelle, el relato que iba imaginando con el mero latido de mis pasos se interrumpe por la página 25, retrocede a su comienzo cargado de promesas.

(de “Diario del fumigador de guardia”)




Jardín alado.

Ignorante de las leyes de la ciudad adonde la suerte lo ha llevado, manantial de eternidad inventada, por poco una penumbra ofertada al cielo más vasto del jardín

manantial fabricado, instante en círculo, asciende su forma, asciende y recae, en eso el agua, borrador, derrama, manera tan suya de mencionar los jardines del sur incansablemente bellos.

Y en tal escena, en más de una ocasión, como quien aplica un oído a un caracol por escucharlo murmurar había llegado a confundirlo con una frecuencia de su corazón, manantial brotando de la tierra de siglos, puertas que al abrirse mencionan la fragancia de los bosques.

(de “El hombre de Luxemburgo”)




Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.

(de “Apuntes para una reencarnación”)




No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano irisado.

Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el canto al canto.

Los perros lo toreaban a Dios de tan visible.




***




¿La mañana? habíamos quedado en que saldría de tu mano derecha pero tu mano derecha se ha dormido, se ha dormido.

¿La mañana?, dijimos: dentro de poco, descansa un momentito y tus párpados.

No sé, veo la rosa que se incendia, rosa incendiándose, fábula de la corona que se yergue.

(de “Libro de las mariposas”)




De cuerpo dormido. Monje tumbado por la siesta un mediodía de primavera. Cuerpo de monje ganado por el sueño, cuerpo y mente ganados por el sueño. ¿De dónde le llegan las palabras que oye? En el reposo las adivina, pasividad atareada del sueño. Fuera ya del cuerpo, el monje da unos pasos, el sueño que no siempre dice la verdad, los sueños que suelen ser falaces. Dormita el monje en medio del huerto y se parece al paisaje. A su sueño acude un hombre de andar desconocido, a él parecido -al que él desconoce-, el forastero permanece a su lado, acaso ocupado en infundirle su propia intemperie ¿pero se tratará del mismo monje? De pie no de otro modo que despierto, ojos gravemente abiertos, un río pasa, hace las veces de su mente, avanza, se pierde, desconocido a la vera de desconocido.

(de “Maizal del gregoriano”)



Ángel semejando a cielo, cielo toldado en todo parecido al agua de esta lluvia, no llegas de ninguna parte, no llegas de horizonte, cielo percudido con que tropieza la oscuridad de tinta, ¿tiritas a causa del viento que lo congela todo?, llegas del potrero, de entre las miasmas de los animales interrumpidos por el terremoto fijo de la hora, lindas con alturas de betún y hoja seca, brazos del que anda de imaginaria por el campo, tocan tierra y figuran la cabeza que no encuentra acomodo en la almohada.


-ángel malherido, brotas de tu herida, brotas del frío tan crudo a eso del jardín

(de “Diario de Eleusis”)



Solo por encontrar mi infierno y mi paraíso, sigo subiendo desde estos nombres de flores indecisas, incoloras, azules que traían atardecer y decían buenas noches a cualquier hora del día y de la noche. Casa infantil, lo más lejos. Solo para recibirme de mi vida, para que en este día sin hiatos se me dé cabida con mi amor a solas de la luz, hombre de la luz, imprevisto de hombre que persigue a su estela en cada sombra que a su paso se anima y colorea hasta ser ojos, boca, mirada.



***




Uno de nosotros dos es dos y alguien más a esta hora. Más vida, agua de manantial y monte, uno solo entre y con los dos, más callado silencio de recién preciso y vacilante. Indeciso y extrañado silencio, más se parece a la batalla cuando les llega la noche y mueren los últimos. Uno de los dos, más por recibir a ese otro que alienta todavía y de cuando el era y el serán se pliegan y despliegan como las dos puntas de días y de tardes, barquito de papel lanzado al estanque. Serán uno, serán uno, alguien que conserva su silencio de fábrica entre sus dos manos apaciguadas, su humo de recién.

(de “El Cuaderno griego”)


miércoles, 6 de enero de 2010

Antonio Gamoneda (España, 1931)

Amigos míos, creo que no hay mejor manera de empezar un buen año 2010. FELIZ 2010 para todos ustedes. La poesía colme y plague todo este año en sus vidas.

Seguirá siendo la característica de este blog, la minuciosidad de la biografía. Podrán apreciar que en ningún momento copiamos de un lugar a otro, de una página a estas. Nos valemos de muchas para lograr un producto útil y de buena calidad para quienes realmente se interesan en la buena poesía. Intentamos incentivar la adquisición de los libros de nuestros autores, por eso limitamos la cantidad de poemas. Ojalá el sabor de ellos impregne vuestra lectura y, para aquellos que no logren conseguir los libros, por cualquiera sea la razón, bueno, sirvan estos obsequios para degustar la maravilla.

Los dejo con este poeta español, uno de los más grandes (si no el más grande), poetas vivos de la lengua española, don Antonio Gamoneda.




"... no hay palomas extraviadas en la eternidad,

no hay eternidad." 

Antonio Gamoneda Lobón (Oviedo, España, 1931)

Antonio Gamoneda Lobón, nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. Su padre, periodista y escritor, don Antonio Gamoneda, publicó un libro de poesía modernista en 1919 que tituló “Otra más alta vida” y participó activamente en la revolución de 1934, en Asturias. Este mismo año, cuando el pequeño Antonio contaba con 2 años de edad, queda huérfano de padre. Entonces, tras aquel triste acontecimiento, ya en 1934, su madre, doña Amelia Lobón, decide trasladarse a León tras aquel triste acontecimiento. Llegan así al barrio ferroviario de El Crucero, zona de predominante clase obrera y trabajadora.  Allí  vivirán la guerra civil española y debido a ello Gamoneda verá estorbado su inicio escolar, por lo cual se verá obligado a aprender a leer en el libro que su padre había publicado.

Guerra, violencia, muerte y represión entre connacionales, serán los tópicos que impresionarán la mente y el espíritu del pequeño Antonio, quien encontrará refugio en los brazos de su madre. Los trazos duros de la guerra y las pinceladas dulces de su madre, se impresionarán su letra y su memoria.

A los 10 años inicia su instrucción escolar oficial en el Colegio de los Padres Agustinos, aunque este período será breve y de no muy gratos recuerdos. No fue penoso por tanto que desde 1945 trabajara como recadero de una agencia bancaria del Banco Mercantil (inexistente en la actualidad). Mientras desarrolla esta actividad logra terminar sus educación media cursando estudios libres y se hace parte de la resistencia intelectual contra el franquismo. En estas circunstancias surgirán muchas de sus ideas y conocerá de cerca el dolor de ver la desaparición de muchos de sus amigos y compañeros. Trabajó en dicho banco por veinticuatro años, hasta 1969. Ya en 1945 había terminado de escribir su libro “A la sombra del hambre”. Entre 1947 y 1953 escribe “La tierra y los labios”, obra sobre poética y crítica de arte, la cual no será publicada sino hasta la aparición de “Edad”, libro que resume la poesía de Gamoneda escrita hasta 1987. Esto mismo sucede con “Exentos I” escrita entre 1959 y 1960Entre 1953 y 1959 escribe su primer poemario, “Sublevación inmóvil”, el cual publicará en Madrid en 1960. Esta obra logra un accésit del premio de poesía Adonais. Su obra continuará con Blues castellano, escrita entre 1961 y 1966, obra que no será no publicada por motivos de censura hasta 1982. Seguirá  “Exentos II”, titulada también “Pasión de la mirada”, escrita entre 1963 y 1970, la cual será publicada con múltiples variaciones en León en 1979 con el título León de la mirada.

En 1969 crea y dirige, en la Diputación provincial de León, los llamados Servicios Culturales. En 1970 y en el intento de dar buen uso a los ingresos que proporciona la dictadura, crea la colección “Provincia de poesía”, esfuerzo de promoción cultural progresista. Esto marcará una nueva etapa de actividad en la vida de Gamoneda, quien será despedido y recontratado en muy corto tiempo e iniciará su colaboración con varias revistas culturales. Por su edad, fue enlace entre los dos grupos poéticos leoneses constituidos alrededor de las revistas Espadaña (1944-1951), en la que colaboró sólo en su época final, y Claraboya (1963-1968).

Tras esta primera etapa poética, Antonio Gamoneda entra en un silencio poético de casi ocho años, tiempo definitivamente señalado por la muerte deFranco y el inicio de época de transición del pueblo español, lo cual, según manifestación del propio Gamoneda, fue tiempo “de depresión añadida…y la poesía era un amor presente pero imposible.” Tal vez por aquel momento, Gamoneda asista a una suerte de crisis existencial e ideológica que marcará su obra próxima, la cual publicará en León, en 1970, bajo el título “Descripción de la mentira”, poema de largo aliento mostrará una madurez poética ya desenvuelta. Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento. Esta publicación será seguida por “Lápidas”, en 1987, libro más heterogéneo que el anterior en razón de sus motivos y composición estructural, pero con un lenguaje y una concepción del mundo coherentes con él. Publicará a continuación el ya mencionado “Edad”, obra en que recapitula toda su obra previa, y que será prologada por un acucioso estudio de Miguel Casado. Edad obtuvo el Premio Nacional de Poesía de 1988.Ya en 1985, Antonio Gamoneda había sido galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras.

Fue gerente, en los años ochenta, de la Fundación Sierra-Pambley, heredera del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.

Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento.

En1992 publica “El Libro del Frío”, trabajo con el que se sitúa en la “categoría” de los poetas imprescindibles de la lengua castellana y en donde muestra una inusual certeza de apuntes, novedad inestimable para la poesía en lengua castellana. A este libro, en el año 2000, se le adiciona de manera acertadísima, la obra visual “Frío de Límites”, la cual procede de un trabajo conjunto con el pintor y escultor español Antoni Tàpies (Barcelona, 1923). Ya anteriormente, Antonio Gamoneda había integrado a su trabajo el factor visual, cuando en 1936 su letra acompañó a un grupo de serigrafías del pintor español Juan Galea Barjola (Premio Nacional de Artes Plásticas, España en 1985. Fallecido en 2004), las cuales no llegaron a publicarse.

Entre 1993 y 1998, convencido de la multitudinaria presencia de poesía en los escritos antiguos, con la ayuda de un volumen de medicina arcaica de Dioscórides, traducido al español del siglo XVI por Andrés Laguna, Gamoneda publica “El libro de los venenos”, en una apuesta poética personalísima y cargada de su visión artística.

Posteriormente, en 2003, publica “Arden las pérdidas”, juega poéticamente en el interfaz entre esta y cualquier otra vida posterior. En 2004, “Cecilia” y este mismo año, un volumen que reúne su poesía desde 1947 a 2004, que tituló “Esta luz”.

En el año 2006 recibe los premios Reina Sofía de poesía iberoamericana, el Prix Européen de Littérature y el Premio Cervantes.

Ha recibido además la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio “Leteo”, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Ha sido nombrado Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo y además Doctor Honoris causa por la Universidad de León. El 20 de abril de 2008 introdujo un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, cuyo contenido se sabrá en 2022.

Recientemente, Antonio Gamoneda ha sido galardonado con el Premio Quijote de las Letras Españolas 2009, que concede la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y que reconoce la obra de toda una vida.

En marzo de 2009 se estrenó el documental “Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia”, rodado en 2007, dirigida por Enrique Corti y César Rendueles, y con guión de Amalia Iglesias y Julia Piera.

En 2009 publica “Extravío en la luz”, obra poética que añade el trabajo visual de Juan Carlos Mestre.

 

 

Obra poética:

 

Sublevación inmóvil, Madrid, 1960. .

Descripción de la mentira, León, 1977.

León de la mirada, León, 1979.

Blues castellano, Gijón, 1982.

Lápidas, Madrid, 1986.

Edad  (poesía reunida 1947-1986), Madrid, 1987.

Libro del frío, Madrid, 1992.

Sección de la memoria, Ponferrada,1993.

Poemas, Palma, 1996.

Cuaderno de octubre, Madrid, 1997.

Libro de los venenos, Madrid, 1997.

Pavana impura, Huelva, 2000.

Sólo luz: antología poética, Valladolid, Castilla y León, 2000.

Arden las pérdidas, Barcelona, 2003.

La voz de Antonio Gamoneda. Madrid, 2004.

Reescritura, Madrid, 2004.

Cecilia. Teguise, 2004.

Esta luz (poesía reunida 1947-2004), Barcelona, 2004.

Extravío en la luz, 2009

El 10 de diciembre de 2009, en la sede del Instituto Cervantes de París (7, rue Quentin Bauchart. 75008 París), se realizó la presentación de la traducción al francés de la obra del escritor leonés Antonio Gamoneda ‘Libro de los venenos’ con el título "Livre des poisons".

 

 

Obras en prosa:

 

Relación y fábula, Santander, 1997.

Descripción del frío, León, 2002.

 

Ha escrito además algunos ensayos y colaborado con varia obras colectivas, tanto puramente poéticas, como añadiendo su color al arte pictórico de maestros del arte visual.

A continuación, unas maravillas de muestra de este poeta alucinante:

 

 

II

 

            Y este don de morir, esta potencia                    

            degolladora de dolor, ¿de dónde           

            viene a nosotros? ¿En qué dios se esconde              

            esta forma siniestra de clemencia?                   

 

 

            Una sola divina descendencia               

            a esta zona de sombra corresponde.                

            Si tú hablas a un dios, cuando responde                    

            viene la muerte por correspondencia.              

 

 

            Si no fuera cobarde, si, más fuerte,                   

            en un rayo pudiera por la boca               

            expulsar este miedo de la muerte,                     

 

 

            como este inmortal encadenado            

            sería puro en el dolor. ¡Oh roca,             

            mundo mío de sed, mundo olvidado!

 

                                               (fragmento de “Prometeo en la frontera”

                                                            del libro “Sublevación inmóvil”)

 

 

Sublevación

 

            Juro que la belleza            

            no proporciona dulces                  

            sueños, sino el insomnio            

            purísimo del hielo,             

            la dura, indeclinable                     

            materia del relámpago.                 

 

 

            Hay que ser muy hombre para               

            soportar la belleza:            

            ¿quién, invertido, separa,            

            hace tumbas distintas                  

            para el pan común y la                 

            música extremada?                      

 

 

            Ay de los fugitivos,            

            de los que tienen miedo              

            de sus propias entrañas.              

            Si una vez el silencio                   

            les hablase, ¿sabrían                   

            respirar la angustiosa                   

            bruma de los espíritus?                

            ¿Cantarían su propia                    

            conversión al espectro?               

 

 

            Y aquellos otros, estos                 

            miserables amados,                      

            justificados por el dolor:               

            advertid que tan sólo                    

            a los perros conviene                   

            crecimiento de alarido.                 

 

 

            Algo más puro aún            

            que el amor, debe              

            aquí ser cantado;               

            en cales vivas, en              

            materias atormentadas,                

            algo reclama curvas                      

            de armonía. No es             

            la muerte. Este orden                   

            invisible                   

            es                  

            la libertad.                

 

 

            La belleza no es                 

            un lugar donde van                      

            a parar los cobardes.                     

 

 

            Toda belleza es                  

            un derecho común            

            de los más hombres. La               

            evasión no concede                     

            libertad. Sólo tiene             

            libertad quien la gana.                  

 

 

            Solicito                     

            una sublevación                

            de paz, una tormenta                    

            inmóvil. Quiero, pido                     

            que la belleza sea             

            fuerza y pan, alimento                  

            y residencia del dolor.                   

 

 

            Un mismo canto pide                   

            la justicia y la                      

            belleza.                    

            Sea la luz                

            un acto humano.               

            Se puede                 

            morir             

            por esta                    

            libertad.                    

 

 

 

Malos recuerdos

 

La vergüenza es un sentimiento revolucionario.

 

(Karl Marx)                       

 

 

            Llevo colgados de mi corazón                

            los ojos de una perra y, más abajo,                   

            una carta de madre campesina.             

 

 

            Cuando yo tenía doce años,                   

            algunos días, al anochecer,                    

            llevábamos al sótano a una perra                     

            sucia y pequeña.               

 

 

            Con un cable le dábamos y luego                     

            con las astillas y los hierros. (Era                       

            así. Era así.              

            Ella gemía,              

            se arrastraba pidiendo, se orinaba,                   

            y nosotros la colgábamos para pegar mejor).              

 

 

            Aquella perra iba con nosotros               

            a las praderas y los cuestos. Era            

            veloz y nos amaba.           

 

 

                                    (En “Blues castellano”)

 

 

 

Caigo sobre unas manos

 

            Cuando no sabía               

            aún que yo vivía en unas manos,                     

            ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.               

 

 

            Yo sentía que la noche era dulce                      

            como una leche silenciosa. Y grande.             

            Mucho más grande que mi vida.            

            Madre:                      

            era tus manos y la noche juntas.                       

            Por eso aquella oscuridad me amaba.             

 

 

            No lo recuerdo pero está conmigo.                    

            Donde yo existo más, en lo olvidado,               

            están las manos y la noche.                   

            A veces,                   

            cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra                     

            y ya no puedo más y está vacío             

            el mundo, alguna vez, sube el olvido               

            aún al corazón.                  

            Y me arrodillo                     

            a respirar sobre tus manos.                     

            Bajo              

            y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;                      

            y tus manos son grandes; y la noche               

            viene otra vez, viene otra vez.                 

            Descanso                

            de ser hombre, descanso de ser hombre.                    

 

 

Blues del nacimiento

 

            Nació mi hija con el rostro ensangrentado                  

            y no me la dejaron ver despacio.           

            Nació mi hija con el rostro ensangrentado                  

            pero me la quitaron de las manos.                    

 

 

            Mi hija ahora ya va a hacer tres años               

            y habla conmigo y ella ve mi rostro.                  

            Mi hija ahora ya va a hacer tres años               

            y canta y piensa pero ve mi rostro.                    

 

 

            Yo ahora ya no me pregunto                  

            por qué se ama a un rostro ensangrentado.               

 

 

 

Descripción de la mentira

 

El óxido se posó en mi lengua...

 

El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.

 

El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,

 

y no acepté otro valor que la imposibilidad.

 

Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,

 

escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;

 

escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;

 

escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,

 

y no pude resistir la perfección del silencio.

 

No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:

 

han venido otra vez como líquenes inevitables.

 

La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.

 

Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;

 

sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.

 

Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.

 

Es una amistad dentro de mí mismo;

 

es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.

 

Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados,

 

y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.

 

He salido de la habitación obstinada.

 

Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.

 

La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.

 

Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.

 

Éste es el año de la necesidad.

 

Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,

 

depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.

 

Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.

 

Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,

 

y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.

 

Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;

 

habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos p rpados.

 

 

                                                        (En “Descripción de la mentira”)

 

Vi la sombra perseguida...

 

Vi la sombra perseguida por látigos amarillos,

 

ácidos hasta los bordes del recuerdo,

 

lienzos ante las puertas de la indignación.

 

Vi los estigmas del relámpago sobre aguas inmóviles, en extensiones visitadas por presagios;

 

vi las materias fértiles y otras que viven en tus ojos;

 

vi los residuos del acero y las grandes ventanas para la contemplación de la injusticia (aquellos óvalos donde se esconde la fosforescencia):

 

era la geometría, era el dolor.

 

 

 

Vi cabezas absortas en las cenizas industriales;

 

yo vi el cansancio y la ebriedad azul

 

y tu bondad como una gran mano avanzando hacia mi corazón.

 

Vi los espejos ante los rostros que se negaron a existir:

 

era el tiempo, era el mar, la luz, la ira.

 

                                                           (En “Lápidas”)

 

 

 

Desde los balcones...

 

Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de hombres cenceños. Algunos tenían las mejillas labradas por el grisú, dibujadas con terribles tramas azules; otros cantaban acunando una orfandad oculta. Eran hombres lentos, exasperados por la prohibición y el olor de la muerte.

 

(Mi madre, con los ojos muy abiertos, temerosa del crujido de las tarimas bajo sus pies, se acercó a mi espalda y, con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones. Puso el dedo índice de la mano derecha sobre sus labios y cerró las hojas del balcón lentamente).

 

 

 

Eran días atravesados...

 

Eran días atravesados por los símbolos. Tuve un cordero negro. He olvidado su mirada y su nombre.

 

Al confluir cerca de mi casa, las sebes definían sendas que, entrecruzándose sin conducir a ninguna parte, cerraban minúsculos praderíos a los que yo acudía con mi cordero. Jugaba a extraviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio hacía brotar el temor como una gusanera dentro de mi vientre. Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí, pero yo iba a las praderas.

 

Finalmente, el cordero fue enviado a la carnicería, y yo aprendí que quienes me amaban también podían decidir sobre la administración de la muerte.

 

 

Alguien ha entrado...

 

Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.

 

Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.

 

Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.

 

 

 

Tengo frío...

 

Tengo frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón.

 

Hay yerba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre sombras, pero, ¿qué hago yo delante del abismo?

 

Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.

 

 

 

El animal que llora...

 

El animal que llora, ése estuvo en tu alma antes de ser amarillo;

 

el animal que lame las heridas blancas,

 

ése está ciego en la misericordia;

 

el que duerme en la luz y es miserable,

 

ése agoniza en el relámpago.

 

 

 

La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,

 

ésa es tu madre dentro de la ira;

 

la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,

 

ésa fue música en tus ojos.

 

 

 

Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades y lamentos.

 

 

 

Así es la luz de la vejez, así

 

la aparición de las heridas blancas.

 

 

 

Hay un anciano...

 

Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

 

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.

 

 

                              (Poemas extraídos de “Libro del frío”)

 

 

Siento el crepúsculo...

 

Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.

 

Sólo quiero sentir esta luz en mis manos

 

y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón

 

y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.

 

 

 

Hay

 

grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grietas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.

 

Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van

 

a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles y a mi quietud vienen a la vez suavemente, como una sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.

 

Es la agonía y la serenidad.

 

Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya

 

la única sabiduría es el olvido.

 

 

 

Vi lavandas sumergidas...

 

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.

 

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas -bellas en sus úlceras transparentes-, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

 

Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.

 

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

 

Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.

 

Así es la vejez: claridad sin descanso.

 

 

                                       (Poemas extraídos de “Arden las pérdidas”)

 

 

Oigo tu llanto...

 

Oigo tu llanto.

 

Subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas inmóviles, pero no estás: sólo están las sábanas que envolvieron tus sueños.

 

¿Todo en mí es ya desaparición?

 

No aún. Más allá del silencio,

 

oigo otra vez tu llanto.

 

 

 

Qué extraña se ha vuelto la existencia:

 

tú sonríes en el pasado

 

y yo sé que vivo porque te oigo llorar.

 

 

 

Como si te posases...

 

Como si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad:

 

te has posado en mi corazón,

 

hay luz dentro de mis venas,

 

he enloquecido dulcemente.

 

 

                                            (Poemas extraídos de “Cecilia”)

 

 

 

Sacudí la ceniza... (o Manos)

 

Sacudí la ceniza de mis párpados.

 

Busque el día en el interior de la noche y, si, se abrió en mí.

 

Era como ser y no ser.

 

Descansé de mí mismo

 

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

 

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

 

hasta despertar el corazón

 

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas

 

enloquecidas en la inmovilidad.

 

En la pausa mortal, una vez más,

 

pasaron lentamente sobre mí tus manos.


                                                                  (Del libro "Extravío en la luz")

 

Hablo con Amancio

 

De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;

de los pinares inmóviles en el espesor del pasado;

de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles

y de los fresnos temblorosos

 

surge la musculatura encendida en cifras incomprensibles, las que se desprenden de la serenidad y del dolor;

surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;

surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo;

surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por los grandes bífidos y por los ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;

surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;

surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;

surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.

 

Amancio: tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;

tú sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,

amas el resplandor de los cuchillos, entras en las arterias vegetales,

creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra,

llevas la vida al interior de la muerte.

 

Tú atraviesas olvido y conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,

la madera es sagrada.


                                                        (En la web del escultor Amancio González)

viernes, 25 de diciembre de 2009

César Moro (Perú, 1903-1956)

         


Nadie me busca ni me reconoce,
y hasta yo he olvidado
de quién seré.

(En la foto, de izquierda a derecha El pintor Ricardo Grau, Westphalen, Ricardo Tenaud y César Moro)


VIENES EN LA NOCHE CON EL HUMO FABULOSO DE TU CABELLERA

 

Apareces

La vida es cierta

El olor de la lluvia es cierto

La lluvia te hace nacer

Y golpear a mi puerta

Oh árbol

Y la ciudad el mar que navegaste

Y la noche se abren a tu paso

Y el corazón vuelve de lejos a asomarse

Hasta llegar a tu frente

Y verte como la magia resplandeciente

Montaña de oro o de nieve

Con el humo fabuloso de tu cabellera

Con las bestias nocturnas en los ojos

Y tu cuerpo de rescoldo

Con la noche que riegas a pedazos

Con los bloques de noche que caen de tus manos

Con el silencio que prende a tu llegada

Con el trastorno y el oleaje

Con el vaivén de las casas

Y el oscilar de luces y la sombra más dura

Y tus palabras de avenida fluvial

Tan pronto llegas y te fuiste

Y quieres poner a flote mi vida

Y sólo preparas mi muerte

Y la muerte de esperar

Y el morir de verte lejos

Y los silencios y el esperar el tiempo

Para vivir cuando llegas

Y me rodeas de sombra

Y me haces luminoso

Y me sumerges en el mar fosforescente donde acaece tu estar

Y donde sólo dialogamos tú y mi noción oscura y pavorosa de

tu ser

Estrella desprendiéndose en el Apocalipsis

Entre bramidos de tigres y lágrimas

De gozo y gemir eterno y eterno

Solazarse en el aire rarificado

En que quiero aprisionarte

Y rodar por la pendiente de tu cuerpo

Hasta tus pies centelleantes

Hasta tus pies de constelaciones gemelas

En la noche terrestre

Que te sigue encadenada y muda

Enredadera de tu sangre

Sosteniendo la flor de tu cabeza de cristal moreno

Acuario encerrando planetas y caudas

Y la potencia que hace que el mundo siga en pie y guarde el

equilibrio de los mares

Y tu cerebro de materia luminosa

Y mi adhesión sin fin y el amor que nace sin cesar

Y te envuelve

Y que tus pies transitan

Abriendo huellas indelebles

Donde puede leerse la historia del mundo

Y el porvenir del universo

Y ese ligarse luminoso de mi vida

A tu existencia

 

ABEJA NEGRA

 

Más bien buscar hacia el cisne

Y los blasones cruzados son espadas

Un puñal como almohada

Una lágrima eterna sobre la frente

Bajo el alto tocado

El silencio entre las flores que hacen signos

A la puesta del sol

Una golondrina cayendo verticalmente en un lago

La torre y las cortes de amor

El mar que irrumpe con espuma en los labios

El horizonte regular de una vida bajo la lámpara

Apagadas todas las luces es posible

Escuchar gemir el ave nocturna

En su oído

 

          De "Le château de grisou"

 

EL DOMINIO ENCANTADO

 

Ni un dedo se alza sin que fluya la amargura

Lágrima a lágrima en un mundo de olvido

Sin que el ojo noche por noche cierre sus puertas al amor

Sin que una falsa embriaguez descorazonada abra su herida

Sin que un hilo se rompa por siempre jamás

 

Por un tiempo acostumbrado por un tiempo desierto

De la aventura no queda cuando deberían salvarse los restos

Sino polvo y sombra de polvo

Y sed de tierra barrida por el hastió

Para que una vez al fin se alce el reflejo sin encanto

De una muerte sin enigma.

 

                De "Le château de grisou"

 

CARTA DE AMOR

 

Pienso en las holoturias angustiosas que a menudo nos circundaban al

           acercarse el alba

cuando tus pies más cálidos que nidos

llameaban en la noche

con una luz azul y tachonada de lentejuelas

 

Pienso en tu cuerpo que hacía del lecho el cielo y las supremas montañas

           de la única realidad

con sus valles y sus sombras

con la humedad y los mármoles y el agua negra reflejando todas las

           estrellas

en cada ojo

 

¿No era tu sonrisa el bosque retumbante de mi infancia

no eras tú la fuente

la piedra desde hace siglos escogida para recostar mi cabeza?

Pienso tu rostro

brasa inmóvil de donde proceden la vía láctea

y esta inmensa desazón que me torna más loco que una lámpara bellísima

            balanceada sobre el mar

Intratable a tu recuerdo la voz humana me es odiosa

siempre el rumor vegetal de tus palabras me aísla en la noche total

donde resplandeces con una negrura más negra que la noche

Toda idea de lo negro es endeble para expresar la vasta ululación de lo

            negro sobre negro esplendiendo ardientemente

 

Ya nunca olvidaré

Pero quién habla de olvido

en la prisión en que tu ausencia me deja

en la soledad en que este poema me abandona

en el destierro en que me encuentra cada hora

 

Ya nunca despertaré

Ya no resistiré el asalto de las inmensas olas

que vienen del dichoso paisaje que tú habitas

Demorándome afuera bajo el frío nocturno me paseo

sobre esta encumbrada tabla de donde se cae de golpe

 

Yerto bajo el espanto de sueños sucesivos y agitado en el viento

de años de ensueño

prevenido de aquello que termina por encontrarse muerto

en el umbral de castillos abandonados

en el lugar y a la hora convenidos pero inhallables

en las llanuras fértiles del paroxismo

y del único objetivo

este nombre antes adorado

en el cual pongo toda mi destreza en deletrear

siguiendo sus transformaciones alucinatorias

Así una espada atraviesa de parte a parte una bestia

o bien una ensangrentada paloma cae a mis pies

convertidos en roca de coral sustento de despojos

de aves carnívoras

 

Un grito repetido en cada teatro vacío a la hora del inefable espectáculo

Un hilo de agua que danza ante el telón de terciopelo rojo

en las llamas de las candilejas

Desaparecidos los bancos de la platea

acumulo tesoros de madera muerta y de vivas hojas de plata

corrosiva

No se contenta ya con aplaudir se aúlla mil familias momificadas

tornan innoble el paso de una ardilla

 

Decoración amada donde veía equilibrarse una fina lluvia

encaminándose veloz hasta el armiño

de una pelliza abandonada en el calor de un fuego de alba

que intentaba dirigir sus quejas al rey

así abro por completo la ventana sobre las nubes vacías

reclamando a las tinieblas inundar mi rostro

borrar la tinta indeleble

el horror del ensueño

a través de los patios abandonados a las pálidas vegetaciones maniáticas

 

En vano exijo la sed al fuego

en vano hiero las murallas

a lo lejos caen los telones precarios del olvido

agostados

ante el paisaje retorcido en la tempestad

 

                      De “Lettre d'amour”

 

 


EL FUEGO Y LA POESÍA

 

En el agua quemante el sol refleja la mano de cenit

 

1

Amo el amor

El martes y no el miércoles

Amo el amor de los estados desunidos

El amor de unos doscientos cincuenta años

Bajo la influencia nociva del judaísmo sobre la vida monástica

De las aves de azúcar de heno de hielo de alumbre o de bolsillo

Amo el amor de faz sangrienta con dos inmensas puertas al vacío

El amor como apareció en doscientas cincuenta entregas durante

            cinco años

El amor de economía quebrantada

Como el país más expresionista

Sobre millares de seres desnudos tratados como bestias

Para adoptar esas sencillas armas del amor

Donde el crimen pernocta y bebe agua clara

De la sangre más caliente del día

 

2

Amo el amor de ramaje denso

salvaje al igual de una medusa

el amor-hecatombe

esfera diurna en que la primavera total

se columpia derramando sangre

el amor de anillos de lluvia

de rocas transparentes

de montañas que vuelan y se esfuman

y se convierten en minúsculos guijarros

el amor como una puñalada

como un naufragio

la pérdida total el habla del aliento

el reino de la sombra espesa

con los ojos salientes y asesinos

la saliva larguísima

la rabia de perderte

el frenético despertar en medio de la noche

bajo la tempestad que nos desnuda

y el rayo lejano transformando los árboles

en leños de cabellos que pronuncian tu nombre

los días y las horas de desnudez eterna.

 

3

Amo la rabia de perderte

Tu ausencia en el caballo de los días

Tu sombra y la idea de tu sombra

Que se recorta sobre un campo de agua

Tus ojos de cernícalo en las manos del tiempo

Que me deshace y te recrea

El tiempo que amanece dejándome más solo

Al salir de mi sueño que un animal antediluviano perdido en la

              sombra de los días

Como una bestia desdentada que persigue su presa

Como el milano sobre el cielo evolucionando con una precisión de

              relojería

Te veo en una selva fragorosa y yo cerniéndome sobre ti

Con una fatalidad de bomba de dinamita

Repartiéndome tus venas y bebiendo tu sangre

Luchando con el día lacerando el alba

Zafando el cuerpo de la muerte

Y al fin es mío el tiempo

Y la noche me alcanza

Y el sueño que me anula te devora

Y puedo asimilarte como un fruto maduro

Como una piedra sobre una isla que se hunde

 

4

El agua lenta el camino lento los accidentes lentos

Una caída suspendida en el aire el viento lento

El paso lento del tiempo lento

La noche no termina y el amor se hace lento

Las piernas se cruzan y se anudan lentas para echar raíces

La cabeza cae los brazos se levantan

El cielo de la cama la sombra cae lenta

Tu cuerpo moreno como una catarata cae lento

En el abismo

Giramos lentamente por el aire caliente del cuarto caldeado

Las mariposas nocturnas parecen grandes carneros

Ahora sería fácil destrozarnos lentamente

Arrancarnos los miembros beber la sangre lentamente

Tu cabeza gira tus piernas me envuelven

Tus axilas brillan en la noche con todos sus pelos

Tus piernas desnudas

En el ángulo preciso

El olor de tus piernas

La lentitud de percepción

El alcohol lentamente me levanta

El alcohol que brota de tus ojos y que más tarde

Hará crecer tu sombra

Mesándome el cabello lentamente subo

Hasta tus labios de bestia

 

 

5

Verte los días el agua lenta

Una cabellera la arena de oro

Un volcán regresa a su origen

Verte si cuento las horas

La espalda del tiempo divinamente llagada

Una ánfora desnuda hiende el agua

El rocío guarda tu cuerpo

En lo recóndito de una montaña mágica

Cubierta de zapatos de muñeca y de tarjetas de visita de los dioses

Armodio Nerón Calígula Agripina Luis II de Baviera

Antonio Cretina César

Tu nombre aparece intermitente

Sobre un ombligo de panadería

A veces ocupa el horizonte

A veces puebla el cielo en forma de minúsculas abejas

Siempre puedo leerlo en todas direcciones

Cuando se agranda y se complica de todas las palabras que lo siguen

O cuando no es sino un enorme pedazo de lumbre

O el paso furtivo de las bestias del bosque

O una araña que se descuelga lentamente sobre mi cabeza

O el alfabeto enfurecido

 

6

El agua lenta las variaciones mínimas lentas

El rostro leve lento

El suspiro cortado leve

Los guijarros minúsculos

Los montes imperceptibles

El agua cayendo lenta

Sobre el mundo

Junto a tu reino calcinante

Tras los muros el espacio

Y nada más el gran espacio navegable

El cuarto sube y baja

Las olas no hacen nada

El perro ve la casa

Los lobos se retiran

El alba acecha para asestamos su gran golpe

Ciegos dormidos

Un árbol ha crecido

En vano cierro las ventanas

Miro la luna

El viento no ha cesado de llamar a mi puerta

La vida oscura empieza

 

                  De "La tortuga ecuestre"

 

VIAJE HACIA LA NOCHE

 

Es mi morada suprema, de la que ya no se vuelve

                        (Krishna, en el Bhagavad Gita)

 

Como una madre sostenida por ramas fluviales

De espanto y de luz de origen

Como un caballo esquelético

Radiante de luz crepuscular

Tras el ramaje dense de árboles y árboles de angustia

Lleno de sol el sendero de estrellas marinas

El acopio fulgurante

De datos perdidos en la noche cabal del pasado

Como un jadear eterno si sales a la noche

Al viento calmar pasan los jabalíes

Las hienas hartas de rapiña

Hendido a lo largo el espectáculo muestra

Faces sangrientas de eclipse lunar

El cuerpo en llamarada oscila

Por el tiempo

Sin espacio cambiante

Pues el eterno es el inmóvil

Y todas las piedras arrojadas

Al vendaval a los cuatro puntos cardinales

Vuelven como pájaros señeros

Devorando lagunas de años derruidos

Insondables telarañas de tiempo caído y leñoso

Oquedades herrumbrosas

En el silencio piramidal

Mortecino parpadeante esplendor

Para decirme que aún vivo

Respondiendo por cada poro de mi cuerpo

Al poderío de tu nombre oh poesía

 

Lima, la horrible, 24 de julio o agosto de 1949.

 

LA NIEVE ES BLANCA

 

La nieve es blanca

la lana añosa la idea lanosa

mi amada hermana rencorosa

toda la sangre del mundo

hierve

en frío

Pese  a la muerte mi hermana

por la blancura

con la edad

la idea se convierte en lana

soporte de nieve

de la sangre

Pero la luz vive

eterna

nada la detiene

ni la muerte ni la edad

ni la idea

Pero la nieve la refleja

y todo está dicho en la luz

el amor diverso divino

es sólo un acto de luz

si veo bebo

nadie podrá

agotar la luz ni la sed en mí

en el corazón de la luz

su hijo

 

                De "Amour à mort"

 

COMO UN PIANO DE COLA

 

A André Breton

 

Como un piano de cola de caballo de cauda de estrellas

Sobre el firmamento lúgubre

Pesado de sangre coagulada

Arremolinando nubes arco-iris falanges de planetas

    (y miradas de aves

El fuego indeleble avanza

los cipreses arden los tigres las panteras y los animales

    nobles se tornan incandescentes

 

El cuidado del alba ha sido abandonado

Y la noche se cierne sobre la tierra desvastada

 

La comarca de tesoros guarda para siempre tu nombre

 

CARTA A ANTONIO 

     

      Te quiero con tu gran crueldad, porque apareces en medio

de mi sueño y me levantas y como un dios, como un autentico dios,

como el único y verdadero, con la injusticia de los dioses, todo negro dios nocturno, todo de obsidiana

con tu cabeza de diamante, como un potro salvaje, con tus manos salvajes y tus pies de oro que sostienen tu cuerpo negro,

me arrastras y me arrojas al mar de las torturas y de las suposiciones.

      Nada existe fuera de ti, sólo el silencio y el espacio. Pero tu eres

el espacio y la noche, el aire y el agua que bebo, el silencioso veneno y el volcán en cuyo abismo caí hace tiempo,

hace siglos, desde antes de nacer, para que de los cabellos me arrastres hasta mi muerte.

      Inútilmente me debato, inútilmente pregunto. Los dioses son mudos;

como un muro que se aleja, así respondes a mis preguntas, a la sed

quemante de mi vida.

      ¿Para qué resistir a tu poder? Para qué luchar con tu fuerza de

rayo, contra tus brazos de torrente; si así ha de ser, si eres el punto,

el polo que imanta mi vida.

      Tu historia es la historia del hombre. El gran drama en que mi existencia es el zarzal ardiendo, el objeto

de tu venganza cósmica, de tu rencor de acero.

      Todo sexo y todo fuego, así eres. Todo hielo y todo sombra, así eres:

hermoso demonio de la noche, tigre implacable de testículos de estrella,

gran tigre negro de semen inagotable de nubes inundando el mundo.

      Guárdame junto a ti, cerca de tu ombligo en que principia el aire;

cerca de tus axilas donde se acaba el aire. Cerca de tus pies y cerca de

tu manos. Guárdame junto a ti.

      Seré tu sombra y el agua de tu sed, con ojos; en tu sueño seré aquel

punto luminoso que se agranda y lo convierte todo en lumbre; en tu

lecho al dormir oirás como un murmullo y un calor a tus pies se anudará

e irá subiendo y lentamente se apoderará de tus miembros y un gran descanso tomará tu cuerpo y al extender tu mano

sentirás un cuerpo extraño, helado: seré yo. Me llevas en tu sangre y en tu aliento, nada podrá borrarme.

       Es inútil tu fuerza para ahuyentarme, tu rabia es menos fuerte

que mi amor; ya tú y yo unidos para siempre, a pesar tuyo, vamos juntos.

       En el placer que tomas lejos de mi hay un sollozo y tu nombre.

       Frente a tus ojos el fuego inextinguible.

 

18 de junio de 1939


César Moro (Lima, Perú, 1903 – 1956)

César Moro, seudónimo de Alfredo Quíspez Asín, nacido en Lima el 19 de agosto de 1903. Realiza su etapa escolar en el Colegio de La Inmaculada, de la congregación de los jesuitas, en donde se inicia y aprende el idioma francés. En 1921, habiendo desarrollado ya, en forma autodidacta, algunos avances en pintura, firma su primer cuadro, un dibujo de estilo modernista, con el sobrenombre de César Moro. Terminada esta etapa, en 1925, viaja a París con la intención de estudiar ballet. Es recibido en la capital francesa por su amiga Alina, a quien conoce desde la infancia y es esposa del compositor peruano Alfonso de Silva. Inicia sus estudios en una academia parisina pero los interrumpe por motivos de salud (sufre una infección pleural que lo aleja de la actividad física). llegó a participar en forma secundaria en el ballet de una famosa cantante parisina de aquella época. Decide no abandonar sus inclinaciones artísticas, por lo cual trabaja en pintura y poesía. Ya en 1926 y en 1927, realiza sendas exposiciones de sus trabajos pictóricos con no mala crítica. En 1928 se apea al movimiento surrealista y mantiene su trabajo pictórico simultáneamente al poético. Así conoce a los exponentes más impportantes del surrealismo francés, entre ellos Benjamín Pèret, Paul Éluard y André Breton. La poesía de César Moro es escrita en gran parte en francés, aún tras su regreso y residencia en Lima. Entre 1928 y 1934 continúa predominantemente con la escritura (Ces poèmes) y regresa a Lima a finales de 1933. El año 1934 conoce a Emilio Adolfo Westphalen con quien entabla una estrecha amistad. En 1935 organiza y participa, junto a Westphalen, en la primera exposición surrealista de Latinoamérica, en la Academia Alcedo de Lima; colaboran con ella, además del propio Moro, los chilenos Jaime Dvor, Waldo Parraguez, Gabriela Rivadeneira, Carlos Sotomayor y María Valencia, que ya habían realizado en su país, en 1933, una exposición de arte abstracto. La muestra, casi su totalidad compuesta por obras plásticas de Moro, estuvo acompañada por un catálogo que albergaba —como «Aviso» final— un texto del autor de La tortuga ecuestre acusando a Vicente Huidobro de arribista y plagiario. Se generó a raíz de estas circunstancias, una violenta polémica en la que, a los dos personajes involucrados, se sumaron Westphalen y algunos amigos de Huidobro. Toda esta disputa lleva a una seguidilla de escritos y diatribas entre Moro y Huidobro, con el apoyo de distintos “aliados” para cada bando y acusaciones de plagio, arribismo e inmoralidad . La revista chilena Vital es el medio utilizado por Huidobro, mientras que Moro se apoya en panfletos y el escrito titulado “Vicente Huidobro o el Obispo Embotellado”.

En 1936, Moro edita clandestinamente unos boletines en defensa de la República Española los cuales son confiscados por la policía el año siguiente. Ese mismo año monta una exposición de sus pinturas en la Peña Pancho Fierro. Ya se había enrarecido el panorama de César Moro por la actitud política asumida. En 1938 sale del Perú con dirección a México donde es admitido como refugiado político, antes de ello, funda con Westphalen la revista “El Uso de la Palabra”, la cual sólo ve la luz en un sólo número. En México participa en diversas publicaciones y en 1940 organiza la Cuarta Exposición Internacional de Surrealismo para la Galería de Arte mexicana junto a Wolfgang Paalen y André Bretón. El evento congrega obras de importantes artistas, entre ellos Pablo Picasso, Agustín Lazo y Salvador Dalí. Durante esta época, Moro entabla una estrecha amistad con artistas como Xavier Villaurrutia, Remedios Varo y Leonora Carrington. En 1943 aparece su primer libro Le château de grisou y en 1944 el segundo, Lettre d'amour. Durante una estancia en San Luis de Potosí escribe el primer poema de La Tortuga Ecuestre, esta vez en español, uno de los poemarios más reconocidos en la tradición poética peruana. César Moro vivió en México por 10 años y luego volvió a Lima en el año 1948. Casi inmediatamente a su regreso, se hizo cargo de la enseñanza de idioma francés en el Colegio Militar Leoncio Prado, de Lima y en la Alianza Francesa de Lima. En el Colegio Leoncio Prado fue profesor del novelista Mario Vargas Llosa, quien muchos años después escribirá, en recuerdo de su célebre profesor: «Además de ser auténtico y sincero, Moro es también un gran poeta. Es sabido que este calificativo no se gana como el cielo, sólo con buenas intenciones... Es preciso aquella cualidad indefinible, que ciertos autores nos revelan al ponernos en contacto inmediato con aspectos inusitados de la realidad, al descubrirnos zonas imprevistas de la sensibilidad y la emoción, al trasmitirnos el misterio, la alegría o el dolor de las cosas y los hombres».

Establece su residencia en Barranco, barrio bohemio de Lima. Durante toda esta época aporta con sus escritos a buena parte de los números de la revista Las Moradas. En 1954 publica su tercer libro de poemas en francés “Trafalgar Square”. En 1955 culmina una de sus obras principales “Amour à mort”.

Nuestro César Moro, un personaje enigmático, renegó de su patria, de su sexo, de su lengua y de su nombre, surrealista en toda su obra, homosexual confeso y lanzado a la poesía. Su “Tortuga Ecuestre”, uno de los dos únicos poemarios suyos escritos en español, aparentemente para poder ser leído por quien ocupó mucho tiempo su corazón, un militar mexicano, ocupa hoy un puesto innegable en la obra poética latinoamericana. Este personaje al que Moro escribe en “La Tortuga Ecuestre”, encerrado en el misterio y a quien nombra como Antonio y en las siglas A.A.A. revestía para el poeta la imagen de la imposibilidad. Era un teniente del ejército mexicano, casado, con un hijo, del cual, para matizar la instancia, César Moro llegó a ser padrino.

Aunque André Coyné, gran amigo de Moro ya en su aislamiento en Lima, menciona que el nombre de César Moro resulta de una aparición en las letras de Ramón Gómez de la Serna, no son pocos los que afirman que surge de la unión del imperio romano y del oscuro color de su piel.

Dos de sus más aventajados discípulos fueron Jorge Eduardo Eielson (Perú) y Gonzalo Rojas (Chile), ambos, confesos de la influencia recibida de su “maestro”.

En sus últimos años declaró su total independencia de todas las escuelas y manifestó sus dudas burlonas sobre los movimientos de vanguardia, aunque ya en México, tras la publicación de “Château de grisou y Lettre d' amour ” muchos habían reconocido su despido del del surrealismo para tomar su propio libérrimo camino.

El 10 de enero de 1956 muere víctima de leucemia. André Coyné y Fernando de Szyszlo organizaron un Homenaje a César Moro en agosto de aquel año. Su amigo André Coyné continuó con la labor de recopilación, edición y difusión de la obra de Moro.

 

Obra Poética:

-       La tortuga ecuestre, su único libro en castellano, que fue escrita en 1938 pero publicada en 1957 bajo los auspicios de André Coyné, al no haber encontrado antes quién la publicara.

-       Cartas (1939)

-       Lettre d'amour (1939)

-       El castillo de Grisú (1941)

-       L'homme du paradisier et autres textes (1944)

-       Trafalgar Square (1954)

-       Amour à mort (1955)

 

En prosa escribió:

-       Los anteojos de azufre (1958). La mayoría de su obra en prosa recogida por André Coyné.

Escribió además una solitaria obra teatral a la que tituló “El ojo del gallo”, de muy corta extensión y jamás llevada a escenario.

 

Moro vivía de, con y por la poesía, su obra poética grafica su biografía sin serlo en ninguna manera. Vivió así, el amor, la amistad, la pasión, el rencor, el escándalo, el secreto, siguiendo siempre su propia línea