
domingo, 14 de febrero de 2010
En este día que no existe

viernes, 12 de febrero de 2010
Jacobo Fijman Súriz (Rusia 1898 - Argentina 1970)
sábado, 6 de febrero de 2010
Arnaldo Calveyra Pereyra (Argentina, 1929)

Arnaldo Calveyra nació en Gobernador Mansilla, provincia de Entre Ríos, Argentina, en el año 1929. Hijo de don Luis Calveyra y doña Gerónima Pereyra. Transcurre su infancia y el inicio de su escolaridad en el campo hasta los 9 años, en que pasó a “una escuela de pueblo”, a 7 kilómetros de su casa. A los 14 años ingresa al Colegio Superior "Justo José de Urquiza", de Concepción del Uruguay, en la misma provincia de Entre Ríos. Al año siguiente, 1944, su madre decide costear la publicación del primer poemario de Arnaldo: “Ha nacido un hombre”, pero que el mismo Calveyra, posteriormente, no considerará dentro de su obra personal. A los 20 años tiene un primer encuentro con el poeta Carlos Mastronardi, quien se convertirá en personaje de gran influencia para él, respecto a su futuro como escritor. De hecho, al año siguiente, en 1950, inicia la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata, en Buenos Aires y desde 1951, se ayudará económicamente mediante un trabajo de fines de semana en un muelle de fumigación en Ensenada, en la misma provincia de Buenos Aires. Se mantiene en este trabajo por un lapso de 2 años, a pesar del riesgo que representaba para su salud, ya que el contacto con sustancias tóxicas obligaba a realizar jornadas cortas y esta experiencia lo impulsará a la producción poética en su libro “Diario del fumigador de guardia”, cuya primera versión será de 1951 y posteriormente le realizó correcciones, guardándolo sin publicar, ya listo, desde 1953. Este original, guardado en un baúl, tras una inundación, fue “rescatado” en 1983, durante uno de sus regresos a Argentina, y llevado recién en ese momento a París.
Luego, de vuelta en París, en 1961, conocerá a Julio Cortazar, con quien establecerá una amistad cercana. Conoce también a Alejandra Pizarnik y a quien será su traductora al francés, Laure Bataillon.
Tras la muerte de su madre, en 1962, decide retirarse en el monasterio benedictino de Solesmes, donde escribe el poemario “Libro de las mariposas”, que será publicado en Argentina el año 2001.
Al año siguiente se casa con Monique Tur, su mujer por más de 40 años.
En 1969 se publica en Francia la obra de teatro “Moctezuma”, traducida al francés por Bataillon. Su siguiente publicación en francés, también una obra de teatro, será “Latin American Trip”, en 1971, año en que pasó un tiempo en Inglaterra, en casa de Peter Brook. Recién en 1978 esta obra se publicará en español.
En 1972 nace su primer hijo, Beltrán, y 3 años después, su hija Eva.
En 1985 se publica el poemario “Iguana, iguana” y en 1987, en francés (traducción de Bataillon), el poemario “Le journal du dératiseur”. En 1986 se estrena en Buenos Aires su obra “Cartas de Mozart”En 1988 se publica en conjunto los poemarios “Cartas para que la alegría” e “Iguana, iguana”. Este mismo año se publica la obra de teatro “L’éclipse de la balle”, traducción de Florence delay. En 1989 su primera novela, en francés (traducción de Bataillon y Alain Keruzoré) “Le lit d’Aurélia”, cuya versión en español, “La cama de Aurelia”, se publicará en Barcelona, en 1990. En 1992 se publica el libro de cuentos “L’origine de la lumière” en traducción al francés de Françoise Campo, que recién en 2004 verá su primera edición en español como “El origen de la luz”. También en 1992, y también en francés, se publica el poemario “Palinure”, traducción de Laure Bataillon. En 1994, en Francia, aparece “Anthologie personnelle”, antología y poemas inéditos en un mismo volumen. En 1997 se publica el poemario “El hombre de Luxemburgo” en España, que al año siguiente aparecerá en francés con el título “L’homme de Luxemburg” con traducción de Delay. En este mismo año, en Francia, se publica el ensayo “Si l’Argentine est un roman”, traducción de Claude Bleton y que en el 2000 será publicado en español bajo el título “Si la Argentina fuera una novela”. Este trabajo será considerado por algunos críticos, más que un ensayo, como un especial poema. En 1999 se publica en Argentina una pequeña antología titulada “Morse y otros textos”. En el año 2000, además del ensayo “Si la Argentina...”, se publica también, en Francia, una edición bilingüe del poemario "Le livre du miroir" o “El libro del espejo”. Esta última obra aparecerá íntegra bajo el título “Apuntes para una reencarnación” en el Diario de Poesía de Buenos Aires Nº 53 en 2002. También en 2002 se publica la primera edición en español del “Diario del fumigador de guardia”, poemario escrito en la década de 1950, como ya se mencionó, y rescatado de la humedad de un baúl en 1983, en uno de los viajes de Calveyra a Buenos Aires.
En 2003, se publica "Maïs en grégorien", versión francesa de "Maizal del gregoriano", que se publicará en español en 2005. En 2004 el poemario “El origen de la luz”. Y, nuevamente en 2004, el Diario de Poesía Nº 69 publica cartas y poemas inéditos de Arnaldo Calveyra en una sección especial.
En 2006 publica “Diario de Eleusis”, que el mismo Calveyra describe como “la continuación de la atmósfera de “El maizal del gregoriano”
En 2008 se publica su “Poesía reunida” y en 2010 , a los 81 años, ha publicado “El cuaderno griego”.
Arnaldo Calveyra ha recibido la condecoración de Commandeur de l'Ordre des Arts et des Lettres, otorgada por el Ministerio de Cultura francés y su reconocimiento en Argentina es, en realidad, reciente.
Poemas de Arnaldo Calveyra
El viaje lo trajimos lo mejor que se pudo. De todas las mariposas de alfalfa que nos siguieron desde Mansilla, la última se rezagó en Desvío Clé. Nos acompañamos ese trecho, ella con el volar y yo con la mirada. Venía con las alas de amarillo adiós, y, de tanto agitarse contra el aire, ya no alegraba una mariposa sino que una fuente ardía. Y corrió todavía con las alas de echar el resto: una mirada también ardiendo paralela al no puedo más en el costado de tren que siguió.
La gallina que me diste la compartí con Rosa, ella me dio budín. En tren es casi lo que andar en mancarrón.
Los que tocaban guitarra cuando me despedías vinieron alegres hasta Buenos Aires.
Casi a mediodía entró el guarda con paso de “aquí van a suceder cosas”, y hubo que ocultar a cuanta cotorra o pollo vivo inocente de Dios se estaba alimentando.
En el ferry fue tan lindo mirar el agua.
¿Y sabes?, no supe que estaba triste hasta que me pidieron que cantara.
(de “Cartas para que la alegría”)
Caras
Está empezando a comprender.
Lee y no lee, acaso los anteojos sean prestados.
Es un niño. Esta mañana, jugando, se fue de boca.
Va a bajar en la próxima estación, le parece que el viaje no fue viaje ni fue nada.
Pestañas casi tristes.
Lejos y cerca. Baila sentada. Puede, lo puede todo. “En el comienzo no era el amor y alguien intentó.”
La alegría de ayer por la tarde está todavía intacta. Andará por ella toda la noche del viaje. No será viaje, será una carta.
Se le murió el hijo no hace mucho. No entiende la muerte.
Lo enterrarán con una lápida con las iniciales de otro.
No comprendo esa cara.
El equipaje es de lujo. Viudo de todo.
Cara de “viajo en segunda pero no porque no pueda pagarme una primera, no había boletos de primera”.
La boca es de alguien que no ha dudado nunca en una lengua extranjera.
Se vistió hace años para este viaje. Ahora fuma para disimular.
primero, deja pasar los pueblos, luego abre una puerta en el pueblo transcurrido.
Oye un grito, oye que viajamos.
En este vagón lo llevan preso, inventa una escapatoria: “inocente, inocente”... ¿Por qué nos miramos?
(de “Iguana, iguana”)
Muelle de fumigar
Cuando la mañana anda lejos y la humedad del planeta cae a baldes de silencio sobre el muelle dejado, sin nadie, sin ninguna estrella, la bandera amarilla está por poco tiesa de oscuridad, no, ninguna estrella que quiera volverse mástil de ese grito.
Cuando la rotación entera no sabe sino de agua y de silencio -entre los 18 y los 25 años la esperanza se atrasa- como si la oscuridad de golpe no supiera encender esta luz escasa, la mañana.
Cegado por la humedad emigro al otro muelle, el relato que iba imaginando con el mero latido de mis pasos se interrumpe por la página 25, retrocede a su comienzo cargado de promesas.
(de “Diario del fumigador de guardia”)
Jardín alado.
Ignorante de las leyes de la ciudad adonde la suerte lo ha llevado, manantial de eternidad inventada, por poco una penumbra ofertada al cielo más vasto del jardín
manantial fabricado, instante en círculo, asciende su forma, asciende y recae, en eso el agua, borrador, derrama, manera tan suya de mencionar los jardines del sur incansablemente bellos.
Y en tal escena, en más de una ocasión, como quien aplica un oído a un caracol por escucharlo murmurar había llegado a confundirlo con una frecuencia de su corazón, manantial brotando de la tierra de siglos, puertas que al abrirse mencionan la fragancia de los bosques.
(de “El hombre de Luxemburgo”)
Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.
(de “Apuntes para una reencarnación”)
No me has encontrado, me anduve empapando de rocío. Temprano irisado.
Iba cantando, iba contándome, iba abriendo maizales con el canto al canto.
Los perros lo toreaban a Dios de tan visible.
¿La mañana?, dijimos: dentro de poco, descansa un momentito y tus párpados.
No sé, veo la rosa que se incendia, rosa incendiándose, fábula de la corona que se yergue.
(de “Libro de las mariposas”)
De cuerpo dormido. Monje tumbado por la siesta un mediodía de primavera. Cuerpo de monje ganado por el sueño, cuerpo y mente ganados por el sueño. ¿De dónde le llegan las palabras que oye? En el reposo las adivina, pasividad atareada del sueño. Fuera ya del cuerpo, el monje da unos pasos, el sueño que no siempre dice la verdad, los sueños que suelen ser falaces. Dormita el monje en medio del huerto y se parece al paisaje. A su sueño acude un hombre de andar desconocido, a él parecido -al que él desconoce-, el forastero permanece a su lado, acaso ocupado en infundirle su propia intemperie ¿pero se tratará del mismo monje? De pie no de otro modo que despierto, ojos gravemente abiertos, un río pasa, hace las veces de su mente, avanza, se pierde, desconocido a la vera de desconocido.
(de “Maizal del gregoriano”)
Ángel semejando a cielo, cielo toldado en todo parecido al agua de esta lluvia, no llegas de ninguna parte, no llegas de horizonte, cielo percudido con que tropieza la oscuridad de tinta, ¿tiritas a causa del viento que lo congela todo?, llegas del potrero, de entre las miasmas de los animales interrumpidos por el terremoto fijo de la hora, lindas con alturas de betún y hoja seca, brazos del que anda de imaginaria por el campo, tocan tierra y figuran la cabeza que no encuentra acomodo en la almohada.
-ángel malherido, brotas de tu herida, brotas del frío tan crudo a eso del jardín
(de “Diario de Eleusis”)
Solo por encontrar mi infierno y mi paraíso, sigo subiendo desde estos nombres de flores indecisas, incoloras, azules que traían atardecer y decían buenas noches a cualquier hora del día y de la noche. Casa infantil, lo más lejos. Solo para recibirme de mi vida, para que en este día sin hiatos se me dé cabida con mi amor a solas de la luz, hombre de la luz, imprevisto de hombre que persigue a su estela en cada sombra que a su paso se anima y colorea hasta ser ojos, boca, mirada.
(de “El Cuaderno griego”)
miércoles, 6 de enero de 2010
Antonio Gamoneda (España, 1931)
Amigos míos, creo que no hay mejor manera de empezar un buen año 2010. FELIZ 2010 para todos ustedes. La poesía colme y plague todo este año en sus vidas.
Seguirá siendo la característica de este blog, la minuciosidad de la biografía. Podrán apreciar que en ningún momento copiamos de un lugar a otro, de una página a estas. Nos valemos de muchas para lograr un producto útil y de buena calidad para quienes realmente se interesan en la buena poesía. Intentamos incentivar la adquisición de los libros de nuestros autores, por eso limitamos la cantidad de poemas. Ojalá el sabor de ellos impregne vuestra lectura y, para aquellos que no logren conseguir los libros, por cualquiera sea la razón, bueno, sirvan estos obsequios para degustar la maravilla.
Los dejo con este poeta español, uno de los más grandes (si no el más grande), poetas vivos de la lengua española, don Antonio Gamoneda.

"... no hay palomas extraviadas en la eternidad,
no hay eternidad."
Antonio Gamoneda Lobón (Oviedo, España, 1931)
Antonio Gamoneda Lobón, nació en Oviedo el 30 de mayo de 1931. Su padre, periodista y escritor, don Antonio Gamoneda, publicó un libro de poesía modernista en 1919 que tituló “Otra más alta vida” y participó activamente en la revolución de 1934, en Asturias. Este mismo año, cuando el pequeño Antonio contaba con 2 años de edad, queda huérfano de padre. Entonces, tras aquel triste acontecimiento, ya en 1934, su madre, doña Amelia Lobón, decide trasladarse a León tras aquel triste acontecimiento. Llegan así al barrio ferroviario de El Crucero, zona de predominante clase obrera y trabajadora. Allí vivirán la guerra civil española y debido a ello Gamoneda verá estorbado su inicio escolar, por lo cual se verá obligado a aprender a leer en el libro que su padre había publicado.
Guerra, violencia, muerte y represión entre connacionales, serán los tópicos que impresionarán la mente y el espíritu del pequeño Antonio, quien encontrará refugio en los brazos de su madre. Los trazos duros de la guerra y las pinceladas dulces de su madre, se impresionarán su letra y su memoria.
A los 10 años inicia su instrucción escolar oficial en el Colegio de los Padres Agustinos, aunque este período será breve y de no muy gratos recuerdos. No fue penoso por tanto que desde 1945 trabajara como recadero de una agencia bancaria del Banco Mercantil (inexistente en la actualidad). Mientras desarrolla esta actividad logra terminar sus educación media cursando estudios libres y se hace parte de la resistencia intelectual contra el franquismo. En estas circunstancias surgirán muchas de sus ideas y conocerá de cerca el dolor de ver la desaparición de muchos de sus amigos y compañeros. Trabajó en dicho banco por veinticuatro años, hasta 1969. Ya en 1945 había terminado de escribir su libro “A la sombra del hambre”. Entre 1947 y 1953 escribe “La tierra y los labios”, obra sobre poética y crítica de arte, la cual no será publicada sino hasta la aparición de “Edad”, libro que resume la poesía de Gamoneda escrita hasta 1987. Esto mismo sucede con “Exentos I” escrita entre 1959 y 1960Entre 1953 y 1959 escribe su primer poemario, “Sublevación inmóvil”, el cual publicará en Madrid en 1960. Esta obra logra un accésit del premio de poesía Adonais. Su obra continuará con Blues castellano, escrita entre 1961 y 1966, obra que no será no publicada por motivos de censura hasta 1982. Seguirá “Exentos II”, titulada también “Pasión de la mirada”, escrita entre 1963 y 1970, la cual será publicada con múltiples variaciones en León en 1979 con el título León de la mirada.
En 1969 crea y dirige, en la Diputación provincial de León, los llamados Servicios Culturales. En 1970 y en el intento de dar buen uso a los ingresos que proporciona la dictadura, crea la colección “Provincia de poesía”, esfuerzo de promoción cultural progresista. Esto marcará una nueva etapa de actividad en la vida de Gamoneda, quien será despedido y recontratado en muy corto tiempo e iniciará su colaboración con varias revistas culturales. Por su edad, fue enlace entre los dos grupos poéticos leoneses constituidos alrededor de las revistas Espadaña (1944-1951), en la que colaboró sólo en su época final, y Claraboya (1963-1968).
Tras esta primera etapa poética, Antonio Gamoneda entra en un silencio poético de casi ocho años, tiempo definitivamente señalado por la muerte deFranco y el inicio de época de transición del pueblo español, lo cual, según manifestación del propio Gamoneda, fue tiempo “de depresión añadida…y la poesía era un amor presente pero imposible.” Tal vez por aquel momento, Gamoneda asista a una suerte de crisis existencial e ideológica que marcará su obra próxima, la cual publicará en León, en 1970, bajo el título “Descripción de la mentira”, poema de largo aliento mostrará una madurez poética ya desenvuelta. Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento. Esta publicación será seguida por “Lápidas”, en 1987, libro más heterogéneo que el anterior en razón de sus motivos y composición estructural, pero con un lenguaje y una concepción del mundo coherentes con él. Publicará a continuación el ya mencionado “Edad”, obra en que recapitula toda su obra previa, y que será prologada por un acucioso estudio de Miguel Casado. Edad obtuvo el Premio Nacional de Poesía de 1988.Ya en 1985, Antonio Gamoneda había sido galardonado con el Premio Castilla y León de las Letras.
Fue gerente, en los años ochenta, de la Fundación Sierra-Pambley, heredera del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza.
Aunque escrito entre 1961 y 1966, su libro “Blues castellano”, se publicó recién en 1982, debido a la censura, ya que graficaba, en una estructura casi “responsorial” y simulando una métrica “jazzista”, la realidad áspera y demoledora de aquel momento.
En1992 publica “El Libro del Frío”, trabajo con el que se sitúa en la “categoría” de los poetas imprescindibles de la lengua castellana y en donde muestra una inusual certeza de apuntes, novedad inestimable para la poesía en lengua castellana. A este libro, en el año 2000, se le adiciona de manera acertadísima, la obra visual “Frío de Límites”, la cual procede de un trabajo conjunto con el pintor y escultor español Antoni Tàpies (Barcelona, 1923). Ya anteriormente, Antonio Gamoneda había integrado a su trabajo el factor visual, cuando en 1936 su letra acompañó a un grupo de serigrafías del pintor español Juan Galea Barjola (Premio Nacional de Artes Plásticas, España en 1985. Fallecido en 2004), las cuales no llegaron a publicarse.
Entre 1993 y 1998, convencido de la multitudinaria presencia de poesía en los escritos antiguos, con la ayuda de un volumen de medicina arcaica de Dioscórides, traducido al español del siglo XVI por Andrés Laguna, Gamoneda publica “El libro de los venenos”, en una apuesta poética personalísima y cargada de su visión artística.
Posteriormente, en 2003, publica “Arden las pérdidas”, juega poéticamente en el interfaz entre esta y cualquier otra vida posterior. En 2004, “Cecilia” y este mismo año, un volumen que reúne su poesía desde 1947 a 2004, que tituló “Esta luz”.
En el año 2006 recibe los premios Reina Sofía de poesía iberoamericana, el Prix Européen de Littérature y el Premio Cervantes.
Ha recibido además la Medalla de Oro de la ciudad de Pau, la Medalla de Plata del Principado de Asturias, el Premio “Leteo”, la Medalla de Oro de la Provincia de León y la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes. Ha sido nombrado Hijo Adoptivo de León y de Villafranca del Bierzo y además Doctor Honoris causa por la Universidad de León. El 20 de abril de 2008 introdujo un mensaje en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes, cuyo contenido se sabrá en 2022.
Recientemente, Antonio Gamoneda ha sido galardonado con el Premio Quijote de las Letras Españolas 2009, que concede la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) y que reconoce la obra de toda una vida.
En marzo de 2009 se estrenó el documental “Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia”, rodado en 2007, dirigida por Enrique Corti y César Rendueles, y con guión de Amalia Iglesias y Julia Piera.
En 2009 publica “Extravío en la luz”, obra poética que añade el trabajo visual de Juan Carlos Mestre.
Obra poética:
Sublevación inmóvil, Madrid, 1960. .
Descripción de la mentira, León, 1977.
León de la mirada, León, 1979.
Blues castellano, Gijón, 1982.
Lápidas, Madrid, 1986.
Edad (poesía reunida 1947-1986), Madrid, 1987.
Libro del frío, Madrid, 1992.
Sección de la memoria, Ponferrada,1993.
Poemas, Palma, 1996.
Cuaderno de octubre, Madrid, 1997.
Libro de los venenos, Madrid, 1997.
Pavana impura, Huelva, 2000.
Sólo luz: antología poética, Valladolid, Castilla y León, 2000.
Arden las pérdidas, Barcelona, 2003.
La voz de Antonio Gamoneda. Madrid, 2004.
Reescritura, Madrid, 2004.
Cecilia. Teguise, 2004.
Esta luz (poesía reunida 1947-2004), Barcelona, 2004.
Extravío en la luz, 2009
El 10 de diciembre de 2009, en la sede del Instituto Cervantes de París (7, rue Quentin Bauchart. 75008 París), se realizó la presentación de la traducción al francés de la obra del escritor leonés Antonio Gamoneda ‘Libro de los venenos’ con el título "Livre des poisons".
Obras en prosa:
Relación y fábula, Santander, 1997.
Descripción del frío, León, 2002.
Ha escrito además algunos ensayos y colaborado con varia obras colectivas, tanto puramente poéticas, como añadiendo su color al arte pictórico de maestros del arte visual.
A continuación, unas maravillas de muestra de este poeta alucinante:
II
Y este don de morir, esta potencia
degolladora de dolor, ¿de dónde
viene a nosotros? ¿En qué dios se esconde
esta forma siniestra de clemencia?
Una sola divina descendencia
a esta zona de sombra corresponde.
Si tú hablas a un dios, cuando responde
viene la muerte por correspondencia.
Si no fuera cobarde, si, más fuerte,
en un rayo pudiera por la boca
expulsar este miedo de la muerte,
como este inmortal encadenado
sería puro en el dolor. ¡Oh roca,
mundo mío de sed, mundo olvidado!
(fragmento de “Prometeo en la frontera”
del libro “Sublevación inmóvil”)
Sublevación
Juro que la belleza
no proporciona dulces
sueños, sino el insomnio
purísimo del hielo,
la dura, indeclinable
materia del relámpago.
Hay que ser muy hombre para
soportar la belleza:
¿quién, invertido, separa,
hace tumbas distintas
para el pan común y la
música extremada?
Ay de los fugitivos,
de los que tienen miedo
de sus propias entrañas.
Si una vez el silencio
les hablase, ¿sabrían
respirar la angustiosa
bruma de los espíritus?
¿Cantarían su propia
conversión al espectro?
Y aquellos otros, estos
miserables amados,
justificados por el dolor:
advertid que tan sólo
a los perros conviene
crecimiento de alarido.
Algo más puro aún
que el amor, debe
aquí ser cantado;
en cales vivas, en
materias atormentadas,
algo reclama curvas
de armonía. No es
la muerte. Este orden
invisible
es
la libertad.
La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes.
Toda belleza es
un derecho común
de los más hombres. La
evasión no concede
libertad. Sólo tiene
libertad quien la gana.
Solicito
una sublevación
de paz, una tormenta
inmóvil. Quiero, pido
que la belleza sea
fuerza y pan, alimento
y residencia del dolor.
Un mismo canto pide
la justicia y la
belleza.
Sea la luz
un acto humano.
Se puede
morir
por esta
libertad.
Malos recuerdos
La vergüenza es un sentimiento revolucionario.
(Karl Marx)
Llevo colgados de mi corazón
los ojos de una perra y, más abajo,
una carta de madre campesina.
Cuando yo tenía doce años,
algunos días, al anochecer,
llevábamos al sótano a una perra
sucia y pequeña.
Con un cable le dábamos y luego
con las astillas y los hierros. (Era
así. Era así.
Ella gemía,
se arrastraba pidiendo, se orinaba,
y nosotros la colgábamos para pegar mejor).
Aquella perra iba con nosotros
a las praderas y los cuestos. Era
veloz y nos amaba.
(En “Blues castellano”)
Caigo sobre unas manos
Cuando no sabía
aún que yo vivía en unas manos,
ellas pasaban sobre mi rostro y mi corazón.
Yo sentía que la noche era dulce
como una leche silenciosa. Y grande.
Mucho más grande que mi vida.
Madre:
era tus manos y la noche juntas.
Por eso aquella oscuridad me amaba.
No lo recuerdo pero está conmigo.
Donde yo existo más, en lo olvidado,
están las manos y la noche.
A veces,
cuando mi cabeza cuelga sobre la tierra
y ya no puedo más y está vacío
el mundo, alguna vez, sube el olvido
aún al corazón.
Y me arrodillo
a respirar sobre tus manos.
Bajo
y tú escondes mi rostro; y soy pequeño;
y tus manos son grandes; y la noche
viene otra vez, viene otra vez.
Descanso
de ser hombre, descanso de ser hombre.
Blues del nacimiento
Nació mi hija con el rostro ensangrentado
y no me la dejaron ver despacio.
Nació mi hija con el rostro ensangrentado
pero me la quitaron de las manos.
Mi hija ahora ya va a hacer tres años
y habla conmigo y ella ve mi rostro.
Mi hija ahora ya va a hacer tres años
y canta y piensa pero ve mi rostro.
Yo ahora ya no me pregunto
por qué se ama a un rostro ensangrentado.
Descripción de la mentira
El óxido se posó en mi lengua...
El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.
El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido,
y no acepté otro valor que la imposibilidad.
Como un barco calcificado en un país del que se ha retirado el mar,
escuché la rendición de mis huesos depositándose en el descanso;
escuché la huida de los insectos y la retracción de la sombra al ingresar en lo que quedaba de mí;
escuché hasta que la verdad dejó de existir en el espacio y en mi espíritu,
y no pude resistir la perfección del silencio.
No creo en las invocaciones pero las invocaciones creen en mí:
han venido otra vez como líquenes inevitables.
La fermentación del verano se introduce en mi corazón y mis manos se deslizan cansadas en la lentitud.
Vienen rostros sin proyectar sombra ni hacer crujir la sencillez del aire;
sin osamenta ni tránsito, como si consistieran únicamente en el contenido de mis ojos, en la unidad de mis palabras, en el espesor de mis oídos.
Son obedientes y yo siento su reunión como una salud que se refugia en la oscuridad.
Es una amistad dentro de mí mismo;
es un estambre urdido por manos que son suaves en el interior de los días.
Ahora es verano y me proveo de alquitranes y espinas y lápices iniciados,
y las sentencias suben hacia las cánulas de mis oídos.
He salido de la habitación obstinada.
Puedo hallar leche en frutos abandonados y escuchar llanto en un hospital vacío.
La prosperidad de mi lengua se revela en cuanto fue olvidado durante mucho tiempo y sin embargo visitado por las aguas.
Éste es un año de cansancio. Verdaderamente es un año muy viejo.
Éste es el año de la necesidad.
Durante quinientas semanas he estado ausente de mis designios,
depositado en nódulos y silencioso hasta la maldición.
Mientras tanto la tortura ha pactado con las palabras.
Ahora un rostro sonríe y su sonrisa se deposita sobre mis labios,
y la advertencia de su música explica todas las pérdidas y me acompaña.
Habla de mí como una vibración de pájaros que hubiesen desaparecido y retornasen;
habla de mí con labios que todavía responden a la dulzura de unos p rpados.
(En “Descripción de la mentira”)
Vi la sombra perseguida...
Vi la sombra perseguida por látigos amarillos,
ácidos hasta los bordes del recuerdo,
lienzos ante las puertas de la indignación.
Vi los estigmas del relámpago sobre aguas inmóviles, en extensiones visitadas por presagios;
vi las materias fértiles y otras que viven en tus ojos;
vi los residuos del acero y las grandes ventanas para la contemplación de la injusticia (aquellos óvalos donde se esconde la fosforescencia):
era la geometría, era el dolor.
Vi cabezas absortas en las cenizas industriales;
yo vi el cansancio y la ebriedad azul
y tu bondad como una gran mano avanzando hacia mi corazón.
Vi los espejos ante los rostros que se negaron a existir:
era el tiempo, era el mar, la luz, la ira.
(En “Lápidas”)
Desde los balcones...
Desde los balcones, sobre el portal oscuro, yo miraba con el rostro pegado a las barras frías; oculto tras las begonias, espiaba el movimiento de hombres cenceños. Algunos tenían las mejillas labradas por el grisú, dibujadas con terribles tramas azules; otros cantaban acunando una orfandad oculta. Eran hombres lentos, exasperados por la prohibición y el olor de la muerte.
(Mi madre, con los ojos muy abiertos, temerosa del crujido de las tarimas bajo sus pies, se acercó a mi espalda y, con violencia silenciosa, me retrajo hacia el interior de las habitaciones. Puso el dedo índice de la mano derecha sobre sus labios y cerró las hojas del balcón lentamente).
Eran días atravesados...
Eran días atravesados por los símbolos. Tuve un cordero negro. He olvidado su mirada y su nombre.
Al confluir cerca de mi casa, las sebes definían sendas que, entrecruzándose sin conducir a ninguna parte, cerraban minúsculos praderíos a los que yo acudía con mi cordero. Jugaba a extraviarme en el pequeño laberinto, pero sólo hasta que el silencio hacía brotar el temor como una gusanera dentro de mi vientre. Sucedía una y otra vez; yo sabía que el miedo iba a entrar en mí, pero yo iba a las praderas.
Finalmente, el cordero fue enviado a la carnicería, y yo aprendí que quienes me amaban también podían decidir sobre la administración de la muerte.
Alguien ha entrado...
Alguien ha entrado en la memoria blanca, en la inmovilidad del corazón.
Veo una luz debajo de la niebla y la dulzura del error me hace cerrar los ojos.
Es la ebriedad de la melancolía; como acercar el rostro a una rosa enferma, indecisa entre el perfume y la muerte.
Tengo frío...
Tengo frío junto a los manantiales. He subido hasta cansar mi corazón.
Hay yerba negra en las laderas y azucenas cárdenas entre sombras, pero, ¿qué hago yo delante del abismo?
Bajo las águilas silenciosas, la inmensidad carece de significado.
El animal que llora...
El animal que llora, ése estuvo en tu alma antes de ser amarillo;
el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia;
el que duerme en la luz y es miserable,
ése agoniza en el relámpago.
La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,
ésa es tu madre dentro de la ira;
la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,
ésa fue música en tus ojos.
Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades y lamentos.
Así es la luz de la vejez, así
la aparición de las heridas blancas.
Hay un anciano...
Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.
Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.
(Poemas extraídos de “Libro del frío”)
Siento el crepúsculo...
Siento el crepúsculo en mis manos. Llega a través del laurel enfermo. Yo no quiero pensar ni ser amado ni ser feliz ni recordar.
Sólo quiero sentir esta luz en mis manos
y desconocer todos los rostros y que las canciones dejen de pesar en mi corazón
y que los pájaros pasen ante mis ojos y yo no advierta que se han ido.
Hay
grietas y sombras en paredes blancas y pronto habrá más grietas y más sombras y finalmente no habrá paredes blancas.
Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van
a cesar todas las preguntas. Un sol tardío pesa en mis manos inmóviles y a mi quietud vienen a la vez suavemente, como una sola sustancia, el pensamiento y su desaparición.
Es la agonía y la serenidad.
Quizá soy transparente y ya estoy solo sin saberlo. En cualquier caso, ya
la única sabiduría es el olvido.
Vi lavandas sumergidas...
Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.
Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas -bellas en sus úlceras transparentes-, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.
Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.
Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.
Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.
Así es la vejez: claridad sin descanso.
(Poemas extraídos de “Arden las pérdidas”)
Oigo tu llanto...
Oigo tu llanto.
Subo a las habitaciones donde la sombra pesa en las maderas inmóviles, pero no estás: sólo están las sábanas que envolvieron tus sueños.
¿Todo en mí es ya desaparición?
No aún. Más allá del silencio,
oigo otra vez tu llanto.
Qué extraña se ha vuelto la existencia:
tú sonríes en el pasado
y yo sé que vivo porque te oigo llorar.
Como si te posases...
Como si te posases en mi corazón y hubiese luz dentro de mis venas y yo enloqueciese dulcemente; todo es cierto en tu claridad:
te has posado en mi corazón,
hay luz dentro de mis venas,
he enloquecido dulcemente.
(Poemas extraídos de “Cecilia”)
Sacudí la ceniza... (o Manos)
Sacudí la ceniza de mis párpados.
Busque el día en el interior de la noche y, si, se abrió en mí.
Era como ser y no ser.
Descansé de mí mismo
hasta que mis venas se vaciaron en la luz.
Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan
hasta despertar el corazón
y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de las máquinas
enloquecidas en la inmovilidad.
En la pausa mortal, una vez más,
pasaron lentamente sobre mí tus manos.
(Del libro "Extravío en la luz")
Hablo con Amancio
De las moreras abrasadas por la luz, las visitadas por serpientes ciegas;
de los pinares inmóviles en el espesor del pasado;
de los grandes perales en cuyos frutos se alimentan pájaros invisibles
y de los fresnos temblorosos
surge la musculatura encendida en cifras incomprensibles, las que se desprenden de la serenidad y del dolor;
surge el bañista indeciso sobre el hermano amortajado en su propia luz;
surge el monstruo arrodillado ante sí mismo, el espectador del vértigo;
surge el ser silencioso, el conocedor de abismos habitados por los grandes bífidos y por los ancianos en cuyas venas hierve la misericordia;
surge el ser pensativo en su propia blancura y en la tristeza de sus genitales;
surge el ser andariego, el que lleva en sus brazos al animal herido por presagios;
surge el gigante insomne, el enloquecido por los astros y atormentado por la geometría.
Amancio: tú hieres y acaricias la madera en nombre de la libertad;
tú sueñas en el interior del bronce y en las celdas graníticas,
amas el resplandor de los cuchillos, entras en las arterias vegetales,
creas al mismo tiempo el resplandor y la sombra,
llevas la vida al interior de la muerte.
Tú atraviesas olvido y conduces relámpagos a la quietud. Así, en tus manos,
la madera es sagrada.
(En la web del escultor Amancio González)
